Hundirse por el cambio climático… o por el sobrepeso: publicidad y comida basura

El representante en la ONU de la isla de Tonga (Oceanía) declaró “No sé si nos hundiremos antes por el cambio climático o por nuestro sobrepeso”, y es que en esa isla 8 de cada 10 personas pesan más de lo que deberían y la mitad son obesos.

Esta anécdota la cuenta el especial de El Pais de 7 capítulos llamado “De hambrientos a gordos”, que puedes consultar aquí.

Según la Organización Mundial de la Salud, hay más de 2.200 millones de personas (30% población mundial) con sobrepeso y más de 796 millones con obesidad (datos 2016). Y lo que es más grave: no es un problema exclusivo de los países ricos con abundancia de comida, sino un problema de los pobres también. Porque lo que hay detrás es, cada vez más, la malnutrición: dietas plagadas de productos ultraprocesados con grandes cantidades de azúcares, sales o grasas saturadas.

Una investigación en 19 países europeos arrojó que el 26,4% de las calorías adquiridas en los hogares provenían de ellos. En EEUU el porcentaje se eleva al 60%. La comida basura se adueña del planeta.

En Chile se han establecido límites a la publicidad de alimentos dirigida a los niños y se ha vetado el uso de juguetes o premios como gancho para su consumo. Y es que está demostrado que en los primeros años de la infancia se fijan gran parte de las preferencias alimentarias que nos acompañarán el resto de nuestras vidas.

En España vamos por detrás: “¿de dónde viene la alegría? ¡De Kinder sorpresa!” (2018).

Lo que hoy llamamos ultraprocesados son meras formulaciones de ingredientes —muchos de ellos de uso exclusivamente industrial— resultado de una secuencia de procesos industriales. Incluso en ocasiones buscan engañar a los mecanismos corporales de control del apetito, lo que explica la tendencia a consumirlos en grandes cantidades (es el caso del glutamato monosódico).

¿Y por qué (si cada vez hay más acceso a la información) seguimos incrementando su consumo? Porque no hace falta cocinarlos demasiado para comerlos, duran mucho más, son más fáciles de encontrar y, a veces, son bastante más baratos.

Un estudio de la Universidad de Cambridge de 2014 constataba que era significativamente más caro alimentarse con productos sanos. Ingerir mil calorías a base de salmón magro, yogur o tomates arrojaba un coste de 7,49 libras esterlinas. Obtener la misma energía con pizzas, hamburguesas de vacuno y donuts salía por 2,50.

Sin olvidar, tampoco, los efectos de la publicidad.

Mostrar un estilo de vida aspiracional ligado a la comida basura, anunciar productos calóricos con protagonistas delgados, abogar por un estilo de vida saludable mientras incitas a que te lleven la comida a casa, alternar campañas de lavado de imagen con spots de los mismos productos de siempre…

Además este especial habla del papel de los gobiernos en la mejora de la nutrición, y del sedentarismo que cada vez se ancla más en nuestra sociedad.

Cerramos con una excepción, la de Japón, que nos ha parecido interesante destacar:

La tasa de obesidad de Japón (4,3% entre adultos) queda muy lejos del 23,8% de España o el 36,2% de Estados Unidos. La tradición del washoku (un conjunto de técnicas, conocimientos y tradiciones alimentarias declaradas Patrimonio Cultural Inmaterial por la Unesco) es una de las claves.

La dieta japonesa se distingue por basarse en productos bajos en grasas, ingredientes frescos y de temporada, mucho pescado y poca carne. Pero la tradición también pasa por mezclar un alimento básico (principalmente arroz) con distintos acompañamientos, lo que sirve para armonizar los sabores dentro de la boca y mejorar la palatabilidad de las comidas sin necesidad de recurrir a altos niveles de azúcar o sal.

Además, esa combinación de sabores, junto a la costumbre de comer a pequeños bocados (por el uso de los palillos) parece contribuir a saciar antes el apetito.

A esta tradición se suman medidas gubernamentales como la Ley Shuku Iku, que regula los menús saludables en las escuelas (donde las máquinas de vending están prohibidas) y promociona una cultura social alrededor de la comida.

Podéis ampliar toda esta información en el grupo de informes publicados por El Pais: https://elpais.com/elpais/2018/09/24/planeta_futuro/1537808159_599868.html

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