Sancho I de León, el Gordo

Al rey Sancho I de León no le llamaron el gordo por nada, tal era su obesidad que sus nobles decidieron echarlo del trono. Tras un tratamiento radical para adelgazar volvió para reclamar su título, consiguiendo volver a ser rey.

Sancho nació en el 935, hijo del rey Ramiro II de León y de Urraca Sánchez. Su madre era hija del rey de Pamplona, Sancho Garcés I y de Toda Aznárez, a su vez nieta de otro rey de Pamplona, Fortún Garcés.

Pero Sancho no era el primogénito, y a la muerte de Ramiro II al trono leonés ascendió su medio hermano, Ordoño III.

Pero Sancho tenía poderosos aliados, la principal, su propia abuela, Toda Aznárez  y el conde de Castilla, Fernán González, que irónicamente era el suegro de Ordoño III.

Ordoño III consiguió derrotarlos en León y conservar el reino, hasta su muerte en el 951.

Ahora sí, Sancho consiguió, gracias a sus aliados, subir al trono leonés como Sancho I.

Retrato imaginado de Sancho I por Eusebi Valldeperes.
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Pero no pasarían muchos años antes de que los nobles empezasen a ver a Sancho con malos ojos, y con motivo.

Parece ser que Sancho desde muy joven había engordado hasta unos niveles mórbidos, puede que llegara a pesar 240 kilos cuando subió al trono con 16 años, y en una época donde los reyes iban a la guerra liderando a sus tropas, su enorme peso lo incapacitaba completamente. De ahí su apodo del el Craso o el Gordo.

Además Sancho nunca fue muy querido, a su extrema gordura hay que añadir sus intentos de arrebatarle el trono a su hermano y su mala relación con la nobleza, intentó desacreditar a su principal valedor, Fernán González, y este enseguida se puso en su contra.

Tras ser derrotado por el Califato cordobés en el 957, su prestigio se vio duramente afectado y los nobles aprovecharon para echarlo del trono y poner en su lugar a su sobrino Ordoño IV de León.

Sancho, humillado, se refugió en Pamplona con su abuela Toda Aznárez, que seguía conservando mucho poder, y le pidió que le ayudase a recuperar el trono.

Toda sabía que primero tenía que conseguir que Sancho adelgazara y que los únicos que podían conseguirlo eran los médicos del Califato. Así que envió un mensaje al califa Abderramán III, que era su sobrino, para que los ayudase.

Abderramán III aceptó ayudarlo, tanto a adelgazar como a recuperar su reino, a cambio de algunas concesiones territoriales.

Distribución de los reinos peninsulares en la época.
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Así que en el 958, Sancho, junto a su abuela y su mujer, Teresa Anzúrez, fue acarreado con dificultad hasta Córdoba para que este fuese atendido por el eminente médico judío Hasday ibn Shaprut.

El médico no tuvo compasión con Sancho y lo puso a dieta estricta.

Según las crónicas de la época sólo le dejó tomar infusiones durante 40 días, pero para aquellos que quieran imitarle, la historia no acaba ahí, para evitar que comiera, al parecer, le cosió la boca y lo encerró, dándole sólo las infusiones de vez en cuando para evitar la deshidratación.

Pero también tuvo que hacer ejercicio, era obligado a caminar durante largo tiempo para después darse baños de vapor durante horas para ir eliminando la grasa sobrante y más tarde ser sometido a masajes para evitar que toda la piel le quedara colgante.

La verdad es que la mayoría de lo que se sabe es más leyenda que realidad, pero sí que parece que de alguna manera consiguió adelgazar lo suficiente para poder luchar por el trono.

Parece que la dieta funcionó, y un Sancho más delgado, consiguió perder la mitad de su peso, pudo volver para reclamar su trono, ahora a caballo y auxiliado por los ejércitos de Córdoba y Pamplona.

Tras tomar León en el 960, Sancho I fue restituido en su puesto. Ordoño IV se refugió en Asturias, para acabar más tarde, irónicamente, en Córdoba, donde murió en el 963 sin poder hacer nada para recuperar el trono.

Pero Sancho I no era de los agradecidos y no cumplió su parte con los musulmanes, que lo atacaron de nuevo, pero tuvo la suerte de que Abderramán III murió en el 961, por lo que los ataques no pasaron de unas pocas incursiones.

Sancho fue un mal gobernante y muchos nobles dejaron de apoyarlo y prácticamente se independizaron de su poder. Sobre todo el Conde de Castilla Fernán González, que apoyó el retorno de Sancho para después prácticamente gobernar su feudo de forma independiente.

Fernán González, Señor de Castilla por Juan Ricci.
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El final de Sancho es un reflejo de su impopularidad, mientras se encontraba de visita en el monasterio de Castrelo de Miño, en Ourense, fue asesinado con una manzana venenosa por algún noble rival del que no queda del todo clara su identidad.

No se sabe la fecha exacta de su fallecimiento, entre mediados de noviembre y mediados de diciembre del 966.

A Sancho lo sucedió su hijo Ramiro III de León.

 

*La imagen de portada es otro retrato imaginado del rey Sancho por José María Rodríguez de Losada.

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