Miguel Ricardo de Álava, de Trafalgar a Waterloo

Militar de renombre, se pasó gran parte de su vida luchando, participó en las batallas de Trafalgar y Waterloo y en distintos momentos de la Guerra de Independencia, más tarde fue embajador y político. Cosechó la amistad de algunos de los hombres más poderosos de su época.

Miguel Ricardo de Álava y Esquivel, nació en 1772 en Vitoria en una familia noble. Educado con esmero, sabía varios idiomas, a los 13 años empezó su carrera militar en el Regimiento de infantería de Sevilla. En 1787, con 15 años, era ya subteniente.

Retrato de Álava, de autor desconocido, en el Museo de las Bellas Artes de Álava.

Dos años más tarde, con sus estudios terminados, pasó a la Armada como guardamarina para seguir los pasos de su tío, Ignacio María de Álava, que había llegado a capitán de navío.

Durante los siguientes años se pasó sirviendo en distintos barcos con bastante brillantez, para 1794 era teniente de Fragata. Llegó incluso a luchar en el Sitio de Toulon.

Al año siguiente, junto a su tío, emprendió la vuelta al mundo, pero el plan se truncó y acabó preso de los ingleses, que lo liberaron en 1801.

De regreso a España fue ascendido a teniente de navío. En 1805 estaba en Cádiz bajo las órdenes del almirante Federico Gravina.

Participó el 22 de julio en la Batalla del Cabo Finisterre, donde la flota franco-española al mando del almirante Villeneuve se enfrentó a la inglesa de vicealmirante Robert Calder, en ella los ingleses frustraron el intento de Napoleón de invadir su isla.

Poco después, el 21 de octubre, tuvo lugar la famosísima Batalla de Trafalgar, donde el intrépido almirante Nelson provocó una apabullante derrota a las flotas francesas y españolas. Miguel de Álava sirvió como segundo comandante en el navío de tres puentes Príncipe de Asturias, al mando del almirante Gravina.

Tras el desastre de Trafalgar, Álava que luchó muy bien, fue nuevamente ascendido a Capitán de fragata.

Aquí cerró su paso por la marina española. Volvió a Vitoria, donde ejerció algunos puestos políticos con los franceses.

Al principio apoyó la llegada de José Bonaparte como rey, pero la oposición del pueblo y la represión francesa le hizo cambiar de bando.

Ingresó en el ejército nacional, combatiendo en distintas batallas, donde pudo comprobar de primera mano la eficacia de las tropas napoleónicas.

En 1810, con el ejército destrozado por los franceses, recibió órdenes desde la Junta de Cádiz para tratar con Arthur Wellesley, Duque de Wellington, general de las tropas inglesas, que se encontraba en Portugal.

Se llevó tan bien con Wellington que trabaron una gran amistad, quedando Álava como enlace entre la Junta y Wellington y participando con él en diversas batallas, como la de Talavera o la de Buçaco. Por sus acciones fue ascendido a brigadier.

Al año siguiente, Wellington lo dejó al cargo del asedio a Ciudad Rodrigo, que desempeñó muy bien y por lo que fue ascendido en 1812 a mariscal de campo.

Participó en la decisiva Batalla de Vitoria, en 1813, donde Wellesley, al frente de un conglomerado de tropas inglesas, portuguesas y españolas, derrotó a los franceses, que firmaron la paz poco después y se retiraron definitivamente de la península.

Estatua ecuestre de Álava en Vitoria

Después siguió a Wellington en su avance contra Napoleón hasta que este se rindió tras la Batalla de Leipzing.

Tras el fin de la guerra y la subida al trono de Fernando VII, Álava fue nombrado, gracias a la insistencia inglesa, embajador en los Países Bajos.

Pero en 1814, en medio de la represión ejercida por Fernando VII, pasó unos meses en prisión.

Una vez liberado al comprobar que las acusaciones eran falsas, fue nombrado embajador en París gracias a su buena relación con Wellington. Desde allí intentó gestionar la recuperación de algunas de las obras de arte robadas por los franceses durante la guerra.

La vuelta de Napoleón lo cogió por sorpresa, pero pudo unirse a Wellington y luchar a su lado, como uno de sus ayudantes, en la Batalla de Waterloo, derrota definitiva de Napoleón.

Álava se convirtió en la única persona de la que se tenga constancia que participara en Trafalgar y Waterloo.

Batalla de Waterloo, de Jan Willem Pieneman. En el cuadro se observa en primer plano a Wellesley, Álava es el 2º por la derecha

Siguió como embajador en París hasta 1819, cuando se retiró por motivos de salud.

Aún así siguió metido en política. De ideas liberales, fue presidente de las Cortes Generales y líder de la Milicia nacional durante el Trienio Liberal.

Tras la invasión de los Cien mil hijos de San Luis huyó a Gibraltar y de ahí a Londres, donde permaneció en el exilio hasta 1833.

Cuando pudo volver a España, durante la minoría de edad de Isabel II, siguió metido en política en el Partido Moderado, siendo brevemente Ministro de Marina.

Como se llevaba tan bien con los ingleses fue nombrado embajador en Londres en 1834 y 1838.

Apoyó decididamente al bando de María Cristina durante las Guerras Carlistas.

Fue nombrado de nuevo embajador en París en 1835.

Se opuso al Motín de la Granja de San Ildefonso, donde los progresistas echaron a María Cristina del poder.

Por todo esto fue obligado a permanecer en el exilio en Francia, de donde ya no volvería. Muriendo en 1843.

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