Mansa Musa, el hombre más rico de la historia

Mansa Musa fue un rey inmensamente rico gracias a las numerosas minas de oro que controlaba. Tal era su poder económico que se considera que aplicando la inflación a día de hoy seguiría siendo el hombre más rico nacido nunca.

Mansa Musa, también llamando Musa I de Mali, heredó un imperio en ciernes. Mali en ese momento ocupaba una extensa superficie de lo que hoy son los países de Senegal, Mauritania, Gambia, Guinea, Mali, Burkina Faso, Níger, Nigeria y Chad.

Accedió al trono en 1312 tras la desaparición del rey Abubakari II durante una expedición por el río Senegal.

El Imperio de Mali vivía sobre todo del comercio, pero su principal exportación no era otra que el oro. Existían tres enormes minas de oro de donde se extraían ingentes cantidades. Todo el oro pertenecía en exclusiva al rey, que lo controlaba completamente, el oro se marcaba y se pesaba, pero apenas era usado en el interior del país, sino que se exportaba para impedir la inflación.

Además de oro, Mali también comerciaba y exportaba otros productos muy apreciados, como sal, cobre, marfil o esclavos.

El imperio de Mali en época de Mansa Musa

Gracias a todo esto, y a un gran momento tanto militar como cultural, convirtieron a Mansa Musa en un hombre extremadamente rico, más que sus antecesores y sucesores, y él se encargaría personalmente de que todo el mundo lo supiera.

Se calcula que a día de hoy la fortuna del rey equivaldría a más de cuatrocientos mil millones de dólares.

Como buen musulmán, Mansa Musa decidió en 1324 iniciar su peregrinación a la Meca. Todo un despliegue de ostentación y riqueza.

Al rey lo acompañaron sesenta mil personas, todas vestidas con los mejores ropajes posibles de seda y oro, todos llevaban grandes cantidades de oro con ellos. Hasta ochenta camellos cargados de kilos y kilos de oro los acompañaban también. Todo lo pagó Mansa Musa de su bolsillo.

Cuentan las crónicas de la época que se dedicó a regalar polvo de oro a la gente que se iba encontrando durante su peregrinaje.

Dibujo de Mansa Musa durante su peregrinación

Tal fue el gasto y el regalo en oro que modificó las economías de las zonas por donde pasó. Al entrar de pronto tanto oro en el mercado produjo una fuerte devaluación como pocas veces se había visto, lo que provocó una disparatada inflación en los precios, ciudades como El Cairo, Medina o La Meca, tardaron diez años en recuperar el valor del oro al precio anterior al viaje de Mansa Musa.

A su vuelta en 1325, sabiendo lo que había provocado y en un nuevo alarde de riqueza infinita, compró en El Cairo todo el oro posible a prestamistas, pagando un alto interés, para que la economía repuntase. Tal era su poder económico, que él sólo podía controlar el precio del dorado metal.

Una vez regresó empezó una enorme labor para convertir a su reino en una joya. Consiguió ampliar las fronteras. Pero sobre todo es recordado por su intensa labor constructora.

Se construyeron muchísimas mezquitas y madrasas por todo el territorio, sobre todo en Niani, la captal del imperio, Tombuctú y Gao. Gracias a esto, la sociedad malí se convirtió en una sociedad urbana y culta.

Destaca sobre toda las edificaciones Mezquita de Djingareyber, en Tombuctú, construida por un arquitecto granadino, que se convirtió en un gran centro de enseñanza y que aún se conserva a día de hoy. También renovó la Universidad de Sankore, también en Tombuctú, que llegó a albergar a veinticinco mil estudiantes, con una biblioteca con más de un millón de manuscritos. Tombuctú se convirtió en la principal ciudad comercial y cultural de Mali.

Torre de la mezquita de Djingareyber CC BY-SA 3.0, Link

Mansa Musa se cree que murió sobre 1337, a los 56 años, heredando el trono su hijo Maghan I, que dilapidó una gran parte de la fortuna de su padre.

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