Lucio Licinio Lúculo, el gourmet

Lúculo fue un militar y político romano de los últimos tiempos de la República, conocido por sus victorias contra Mitrídates de Ponto y por ser un auténtico gourmet en su época.

Lúculo nació sobre el 118 a.c., hijo de una familia adinerada y bien situada, sus dos abuelos fueron cónsules, vivió en los convulsos últimos decenios de la República romana, donde los conflictos internos y las guerras civiles se acumularon hasta la llegada del Imperio.

Junto con su hermano, Marco Terencio Varrón Lúculo, empezó su carrera política en el bando de los optimates, las familias más poderosas que querían conservar el poder.

Lúculo era un aristócrata al uso, eficiente, pero severo y antipático, algo que terminaría pasándole factura.

En el 91 a.c. estalló la Guerra Social, un conflicto en el que los aliados itálicos de Roma, hartos de entregar tropas y dinero y no conseguir más derechos, se rebelaron contra la ciudad para intentar liberarse de su control. Lúculo destacó como tribuno militar y allí estuvo bajo las órdenes de Lucio Cornelio Sila, al que serviría desde entonces.

Con Sila en uno de sus mayores momentos de poder, Lúculo creció con él. En el 88 a.c. empezó la Primera Guerra Mitridática, donde el rey de Ponto, Mitrídates VI, empezó una guerra de conquistan en la frontera este de los territorios que controlaba Roma.

Oriente Próximo en el 89 a. C.
https://commons.wikimedia.org/

Sila envió a Lúculo como procuestor, una especie de gobernador temporal, para que reuniese una flota para combatir al enemigo por mar. Lúculo consiguió una gran flota, que ayudó a Sila en la reconquista de los territorios, además de expulsar a las fuerzas de Mitrídates de las islas donde se habían acantonado. Su única mancha fue negarse a ayudar al popular (la facción contraria a los optimates) Cayo Flavio Fimbria que había arrinconado a Mitrídates en Pitane, dejando que el rey de Ponto escapara.

Tras la paz, Lúculo se quedó unos años en Asia como agente de Sila, pacificando la zona y consiguiendo hombres y dinero para su patrón.

Sería durante estos años en los que descubriría la comida local y, sobre todo, árboles frutales que eran desconocidos en Roma.

En el 80 a.c. volvió a Roma para ser elegido edil en el 79 junto a su hermano. Gracias a su amistad con Sila su ascenso fue veloz. Al año siguiente fue pretor y en el 74 a.c. fue elegido cónsul. Sila había muerto unos años antes tras su dictadura y la posterior matanza de sus enemigos políticos. Lúculo fue uno de los principales continuadores de su legado, hasta el punto de convertirse en el tutor de su hijo, Fausto Cornelio Sila.

Con Roma aún recuperándose del conflicto entre Mario y Sila y todas sus consecuencias, el mismo año de su consulado estalló la Tercera Guerra Mitridática, al atacar Mitrídates Bitinia, reino recién legado a Roma. Al año siguiente, Lúculo fue enviado de nuevo al este para acabar con Mitrídates VI.

Lúculo demostró ser un gran estratega. Consiguió grandes victorias, echando al rey de Ponto, no sólo de territorio romano, sino obligándolo a refugiarse con su ejército en las montañas de su reino.

Al año siguiente consiguió echar a Mitrídates de su refugio, teniendo que exiliarse a Armenia, y terminó de conquistar Ponto.

Tras esto se dedicó a sanear toda la provincia de Asia, que había sufrido mucho, no sólo por los ataques de Ponto, sino por la depredación de los publicanos (recaudadores de impuestos romanos, conocidos por su codicia), y cargando con grandes multas a los que ayudaron a Mitrídates.

En el 69 a.c. Lúculo pasó a la acción y atacó Armenia, derrotando a los ejércitos del rey Tigranes, en la Batalla de Triganocerta, Lúculo venció a Tigranes con un ejército muy inferior, tras eso cayó la capital Armenia.

Supuesto busto de Lúculo, hoy parece que desmentido. https://www.hermitagemuseum.org/

La campaña siguió con victorias, pero cuando más débil era el enemigo, sus propias legiones se negaron a seguir luchando. Lúculo era un aristócrata frío y distante, y a pesar de ser un buen general, no sentía afecto por sus tropas ni las recibía de ellos. Además, estas eran las antiguas legiones de Cayo Flavio Fimbria, que sabían que se había negado a ayudarlos en el pasado.

Esto fue aprovechado por Tigranes y Mitrídates para recuperar sus posiciones, Lúculo no pudo hacer nada para evitarlo. El Senado romano terminó por retirarle el apoyo a Lúculo, que nunca recuperó el control de sus tropas, siendo sustituido por Pompeyo Magno, con el que se llevaba especialmente mal. Lúculo tuvo que retirarse y volver a Roma de forma ignominiosa. Pompeyo consiguió una fácil victoria ante un enemigo completamente debilitado y se llevó toda la gloria.

En sus años de campañas en Asia sirvieron bajo sus órdenes conocidos romanos que más tarde serían muy relevantes, como Catón el Joven o Publio Clodio.

Con el final de su carrera militar de forma abrupta, volvió a Roma. Pero su derrota final no afectó sus finanzas, Lúculo era rico y volvió más rico aún de sus campañas asiáticas.

Tardo años en ser reconocido y disfrutar de su Triunfo, gracias sobre todo a su amigo Cicerón, consiguiendo el título de Póntico.

Se construyó una impresionante mansión en el Monte Pincio (hoy parte del parque de Villa Borghese), y otras en Campania y Túsculo, todas bellamente construidos y magníficas.

Representación del Jardín de Lúculo en Roma.
https://www.maquettes-historiques.net/P43.html

Lúculo empezó a ser conocido por su fastuosa vida y sus cenas llenas de derroche, donde se servían extraños y carísimos platos traídos de todos los rincones conocidos. Sus cenas se convirtieron en algo tan magnífico que todo el mundo hablaba de ellas.

Sería Plutarco, en sus Vidas Paralelas, el que contaría la anécdota que más famoso hizo a Lúculo. Una noche, extrañamente, Lúculo se dispuso a cenar sólo, pero al llegar se encontró con una mesa sencilla y unos pocos platos. Enfadado hizo llamar al servicio y estos le dijeron que al no haber invitados habían preparado algo más sencillo. La respuesta de Lúculo demostró su carácter, “¡Lúculo cena en casa de Lúculo!”. Acto seguido le prepararon un gran banquete que se comió él solito.

Como parte de su gran paladar, además de importar platos desde Asia, también introdujo una serie de especies de frutales que hasta el momento eran desconocidos en occidente, como el cerezo, traído de Ceraso, en el Ponto, el durazno y el albaricoque.

También fue un mecenas de las artes y consiguió reunir una gran biblioteca e incluso escribir una historia sobre la Guerra Social en la que participó.

Lúculo fue perdiendo la razón con los años, pero siempre estuvo muy buen cuidado por su hermano, Marco Terencio Varrón Lúculo, hasta su muerte en el 56 a.c.

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA: La República Romana, de Isaac Asimov.

 

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