Los muertos de la Carrera espacial (II)

La Carrera espacial dejó de ser una competición ya en los ochenta, con el claro dominio de los EEUU, y lamentablemente fueron ellos los protagonistas de los últimos accidentes mortales entre astronautas.

Durante la siguiente década, mientras EEUU se hacía claramente con la victoria espacial, no hubo que lamentar más víctimas hasta el 28 de enero de 1986, cuando el transbordador espacial Challenger explotó 73 segundos después de iniciar el despegue.

La misión del Challenger era poner en órbita unos satélites de comunicaciones y después volver a la tierra. Su tripulación constaba de 7 miembros, Francis «Dick» Scobee, Michael J. Smith, Ronald McNair, Ellison Onizuka, Gregory Jarvis, Judith Resnik y Christa Corrigan McAuliffe.

La tripulación del Challenger (fila de delante) Michael J. Smith, Francis Scobee, Ronald McNair; (fila trasera) Ellison Onizuka, Christa McAuliffe, Gregory Jarvis, Judith Resnik. https://www.nasa.gov/

El accidente del Challenger es especialmente grave porque el motivo que lo hizo explotar se conocía desde 1971, las junturas, concretamente las juntas tóricas de caucho, de una de las piezas de los cohetes podían reventar por culpa de la presión si se daban las condiciones adecuadas de temperatura, como ocurrió, el problema se silenció y sólo se empezó a buscar la solución desde 1985, pero sin interrumpir los lanzamientos.

Tras días de retrasos por el mal tiempo, por fin el 28 de enero, un día especialmente frío, con temperaturas por debajo de 0 grados, se dio luz verde al lanzamiento. Pero nunca se había hecho un lanzamiento a tan baja temperatura, y muchos se preocuparon de que las juntas no soportaran tan bajas temperaturas, pero nadie quiso dar su opinión en alto, ya que nadie quería asumir el coste de retrasar aún más, o cancelar, el lanzamiento.

A las 11:38 se inició el despegue y se observó humo gris saliendo del cohete derecho, aunque solo duró 3 segundos, abrió un agujero por el que salieron gases extremadamente calientes, esto no fue especialmente preocupante, ya que era un problema conocido y el cohete podía seguir operando, el problema fue que el calor alcanzó las juntas tóricas, que debido al frío se habían endurecido y no se habían sellado, provocando su destrucción, pero los propios residuos sólidos calientes de la ignición sellaron la junta, permitiendo el despegue.

En la imagen se puede observar el agujero encima de los propulsores del cohete derecho. https://www.nasa.gov/

Pero los problemas no hicieron más que aumentar, el Challenger se encontró con una cizalladura de viento (la diferencia de velocidad o dirección entre dos puntos, y un gran problema para el tráfico aéreo que causó bastantes accidentes) más fuerte que se registró en un lanzamiento. La cizalladura arrancó el sellado accidental de la junta, abriendo un enorme agujero encima del motor del cohete derecho, habían pasado 66 segundos desde el despegue.

6 segundos después el cohete derecho reventó a 44 mil pies de altitud, lanzando al Challenger en esa dirección, empezando a desintegrarse, mientas, los cohetes siguieron su curso ascendente antes de caer.

La explosión del Challenger. https://www.nasa.gov/ (La foto de portada es otro ángulo de la explosión)

Una gran nube de humo y vapor de agua apareció en todas las pantallas de televisión que estaban viendo el lanzamiento, que también pudieron ver caer al transbordador hecho pedazos al océano.

Al Challenger no lo destruyó la explosión, sino las enormes fuerzas g que ocasionaron el fallo y la desintegración de parte del cohete derecho. Pero la cabina donde iba la tripulación, hecha de un material mucho más duro, sobrevivió intacta y fue lanzada a 65 mil pies de altura antes de empezar a caer.

Parece que algunos de los astronautas sobrevivieron al accidente inicial, pero o bien murieron por el cambio de presión, o en la caída, ya que la cabina se estrelló a más de 300 km/h contra el agua.

Tras el accidente, la NASA pasó por una crisis y los vuelos de transbordadores fueron paralizados. Tras algunos cambios y mejoras, el programa de transbordadores espaciales se reanudó, pero no sería suficiente para evitar una nueva desgracia.

El 1 de febrero de 2003, el transbordador espacial Columbia se desintegró en su reentrada en la atmósfera terrestre.

El 16 de enero de 2003, el Columbia despegó como en misiones anteriores, esta vez para realizar una serie de experimentos científicos en el espacio. Era la misión número 28 del Columbia y la 113 de todos los transbordadores.

El Columbia en su última misión. https://www.nasa.gov/

En el despegue, una pieza de espuma aislante de uno de los cohetes, usada para impedir que se forme hielo, se desprendió. Este problema ya había pasado otras veces, y aunque se detectó no se le dio demasiada importancia, ya que en las otras ocasiones no había supuesto un impedimento para las misiones.

El problema esta vez fue que la pieza de espuma golpeó el ala izquierda del propio Columbia, arrancando parte de los paneles de carbono que la recubrían y le ayudaban a soportar el calor extremo en el reingreso a la Tierra. El agujero no superaba los 25 centímetros.

La NASA decidió no informar a los astronautas y la misión se llevó a cabo sin ningún problema más hasta su vuelta el 1 de febrero.

En su reingreso a la atmosfera, la nave empezó a tener problemas en su ala izquierda, que al no tener cobertura empezó a desintegrarse, nada se pudo hacer, y el Columbia fue perdiendo piezas hasta que se desintegró completamente.

Restos encontrados del Columbia, durante la investigación se intentó reconstruir lo que se pudo.
https://www.nasa.gov/

La tripulación, que aguantó viva en la cabina durante la mayor parte de la reentrada, intentó por todos los medios mantener la nave volando, pero nada pudieron hacer.

Como en el desastre del Challenger, la NASA volvió a obviar un problema potencial y otra vez el resultado fue una catástrofe.

La tripulación del Columbia estaba formada por Rick D. Husband, William C. McCool, Michael P. Anderson, Kalpana Chawla, David M. Brown, Laurel Clark y Ilan Ramon.

La tripulación del Columbia. De izquierda a derecha: Brown, Husband, Clark, Chawla, Anderson, McCool y Ramon. https://www.nasa.gov/

Tras el accidente se volvió a revisar toda la seguridad y se implementaron cambios, pero el programa de transbordadores espaciales ya no era eficaz y poco a poco el resto de naves fueron apartadas del servicio hasta el último vuelo en 2011. Desde entonces los vuelos espaciales han pasado al programa ruso y a la iniciativa privada.

Mención especial hay que hacer en los otros muertos del programa espacial, los animales que se mandaron al espacio. Como Laika, el primer ser vivo en orbitar la Tierra, con el Sputnik 2, y que murió a las pocas horas por el sobrecalentamiento de la nave.

Laika con su traje espacial.
https://www.bbc.com/

Pero muchos otros animales fueron enviados al espacio, desde moscas, pasando por ratones hasta monos, muchos de los cuales murieron durante las misiones llevadas a cabo tanto por EEUU como por la URSS.

 

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