León III el Isáurico, el emperador que recuperó la gloria de Bizancio

León III fue un emperador bizantino que trajo la estabilidad tras años de caos. Defendió al imperio contra los invasores árabes y promocionó una reforma religiosa, la iconoclasia, que traería mucha polémica al cristianismo ortodoxo.

El Imperio Bizantino estaba de capa caída desde hacía años. Estaba atravesando una enorme inestabilidad desde el reinado de Justiniano II, iniciado en el 685, cuyas malas políticas provocaron un levantamiento y una guerra civil en el 695.

Durante la llamada Anarquía de los Veinte Años, ascendieron y cayeron emperadores mientras el imperio era cada vez más débil.

El futuro León III había nacido en el 680 en la región de Isauria, en Asia Menor, hoy una región en el centro de Turquía, de ahí su sobrenombre, el Isáurico. Pronto destacó como un gran soldado y ascendió rápidamente en el escalafón militar.

Sólido de oro con la representación de León III

En el 713 o 714 fue nombrado estratego (general y gobernador) del Thema Anatólico (los temas eran la división provincial del imperio bizantino) y le dieron el mando del Ejército de Oriente por el que era el recién nuevo emperador, Anastasio II, para que defendiera la región de Siria de los ataque de los sarracenos.

Pero una nueva rebelión en el 715 depuso a Anastasio II y entronó a Teodosio III.

Sólo dos años después, en el 717, León, harto de la inestabilidad del imperio, se alió con su cuñado Artavasdo, estratego de otro thema, e inició una rebelión contra Teodosio III.

Rápidamente consiguió victorias, y en una de ellas capturó al hijo de Teodosio III, y este, para evitar que lo ejecutaran, renunció al trono imperial.

El Imperio Bizantino hacia el 717

Así, en el 717, se convirtió en el emperador León III.

Al poco de llegar al trono se produjo el Segundo Sitio árabe de Constantinopla, un intento del Califato Omeya de tomar Constantinopla aprovechando la debilidad bizantina tras tantos años de guerra interna.

Los árabes organizaron un ejército terrestre y naval para bloquear la ciudad, pero este último fue derrotado por la armada bizantina usando su arma secreta, el fuego griego, un arma incendiaria que podía arder hasta debajo del agua y de la que lamentablemente no se conoce su composición.

Fuego griego en una miniatura del Skylitzes Matritensis

Al poder ser abastecidos por mar, los bizantinos pudieron aguantar los ataques árabes hasta que estos, exhaustos tras perder a sus ejércitos de refuerzo en otras batallas, abandonaron el sitio en el 718.

Tras esto la popularidad de León III no hizo más que aumentar. El emperador se dedicó a fortalecer una muy dañada administración, a traer colonos para repoblar las zonas fronterizas y a mejorar al ejército.

Los siguientes intentos árabes de conquista en el 726 y 739 fueron rechazados. Pero su gran victoria vino en el 740, en la Batalla de Akroinon, donde él y su hijo, el futuro Constantino V, derrotaron de nuevo al Califato Omeya. La gran victoria bizantina supuso un retroceso en el avance musulmán, que no se recuperaría hasta treinta años después.

Pero además de en la administración y en lo militar, León III también destacó en lo religioso, con la implantación de la Iconoclasia.

Ejemplo de arte iconoclasta en la iglesia de Santa Irene de Constantinopla

En el 730, cuando la derrota árabe aún no estaba tan clara, León III adoptó una corriente de pensamiento religioso que ya llevaba tiempo creciendo en el imperio, la destrucción de las imágenes religiosas, a excepción de la cruz. El emperador partía del hecho de que consideraba que el culto a las imágenes, más que un refuerzo a la misma religión, era idolatría, y tal como ponía en la biblia, esto estaba prohibido.

Por lo tanto ordenó que se quitara la imagen de Cristo que presidía la entrada al gran palacio de Constantinopla y que fuera sustituida por una cruz. A partir de aquí mandó destruir todos los iconos religiosos de las iglesias.

Esta reforma la llevó a cabo sin consultar a la iglesia e incluso hizo dimitir al patriarca de Constantinopla, dejando vacante el puesto. Desde occidente, el papa de Roma lo condenó, pero León III le hizo poco caso.

La reforma religiosa duró hasta el 787, cuando la emperatriz Irene la revocó. Aunque hubo un segundo periodo de iconoclasia del 814 al 842, en ese año fue definitivamente derrotada y hoy en día es uno de los días sagrados del cristianismo ortodoxo.

Por su parte, León III murió en el 741, siendo sucedido por su hijo, Constantino V, fundando la dinastía Isáurica, que duraría hasta el 802.

 

*Foto de portada de Atanas Atanasov

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