Las mujeres son guerreras (XXX): Juana de Arco

Y terminamos este largo repaso por la historia de unas mujeres que decidieron luchar por lo que creían, y como no podía ser de otro modo, lo hacemos con Juana de Arco, el arquetipo de heroína que luchó hasta las últimas consecuencias.

Juana nació en el pequeño pueblo de Domrémy sobre el año 1412, en una familia, que sin ser pobre, tampoco le sobraban recursos.

La situación en el país no era nada halagüeña para los intereses franceses en la época de Juana, la Guerra de los Cien Años había comenzado en 1337 y la ventaja era para el bando inglés tras batallas de Crécy (1346), Poitiers (1356) y Agincourt (1415) y controlaban tanto terrero que el rey inglés, Enrique VI, se había hecho coronar también rey de Francia ante la imposibilidad de rebatírselo del delfín Carlos, el heredero francés al trono.

Esta era la situación en el país cuando Juana empezó a escuchar voces en su cabeza, más o menos cuando contaba con 12-13 años, que ella identificó con ángeles y santos que le hablaban para comunicarle la misión que Dios le había encomendado: liberar Francia, y debería empezar por Orleans.

Juana de Arco en el asedio de Orleans de Jules Eugène Lenepveu

Orleans se encontraba asediada desde 1428. Para llegar hasta ahí necesitaba atravesar territorio enemigo, por lo que Juana tarda un año en que alguien le haga caso, este será Robert de Beaudricourt, que un poco harto de la insistencia de la joven decide ayudarla, aunque poco a poco se va convenciendo de que Juana tiene algo especial, y la acompaña hasta Chinon, donde se encontraba el delfín Carlos y consigue entrevistarse con él, este no está muy seguro de lo que le cuenta Juana, pero tras consultarlo, decide vestirla como caballero. Juana fue enviada a Orleans, y a pesar de todo, empezaron a hacerle algo de caso, parece que tenía buenas ideas tácticas y una personalidad muy especial. Juana quería atacar, pero ella no luchaba, simplemente alentaba a las tropas mientras mantenía su estandarte en alto para que la vieran. Parece que esto funcionó y los franceses por fin empezaron a conseguir victorias en Orleans, incluso llegó a ser herida por una flecha, pero continuó en el frente, al final los ingleses, viendo peligrar su posición abandonaron Orleans.

La leyenda de Juana no hizo más que crecer, la gente empezó a creerse de verdad que era una elegida por Dios y que gracias a ella se había ganado Orleans. Ahora, con muchos nobles y soldados de su parte, continuó su sagrada campaña y su ejército, con una moral enorme teniendo a una santa de su lado, ganó batalla tras batalla a lo largo del rio Loira.

Juana se había convertido en la comandante de facto del ejército y mandó continuar los ataques, hasta llegar a Patay, donde se enfrentaron a los ingleses el 18 de junio de 1429, la victoria francesa fue arrolladora y dio un vuelco total al escenario bélico anterior. El ejército continuó su marcha triunfal hacia Reims, mientras muchas ciudades se rendían sin luchar, el 16 de julio llegaron a Reims, que abrió sus puertas y el delfín Carlos pudo ser coronado como Carlos VII de Francia. Mientras tanto los seguidores de Juana no hacían más que crecer.


Juana de Arco en la coronación de Carlos VII, en la catedral de Reims de
Dominique Ingres

Juana y los suyos querían atacar ya París, pero el rey y su camarilla querían negociar, lo que provocó que los ingleses y sus aliados borgoñones pudieran rearmarse. Algunas ciudades más capitularon, pero cuando por fin se atacó París fue imposible de tomar, Juana fue nuevamente herida, esta vez por una ballesta, y tuvieron que retirarla del frente. Algunas victorias más de los franceses desembocaron en una débil tregua con los ingleses, dejando a Juana sin propósito. Carlos VII recompensó a Juana ennobleciéndola junto a su familia.

Juana era una católica radical y en el tiempo que estuvo parada se dedicó a escribir y amenazar a algunas herejías, buscando cruzadas contra ellas, pero rápidamente la tregua se rompió y fue enviada a Compiègne para ayudar a romper el asedio que se le había puesto. Pero los ingleses ya empezaban a estar un poco hartos de ella, por lo que, el 23 de mayo de 1430, tras el ataque fallido de Juana y los suyos, un grupo de borgoñones rodeó a Juana y la tiraron del caballo. Juana se rindió sin luchar.

Juana, que intentó escaparse en unas cuantas ocasiones, fue vendida a los ingleses, que la llevaron a Ruan. Los franceses intentaron tomar la ciudad en diversas ocasiones para salvarla, pero todo fue en vano.

Los ingleses, que no podían permitir que existiera alguien que se considerase un enviado de Dios con una misión en contra de ellos decidieron juzgarla por herejía, durante un juicio lleno de irregularidades y falsedades fue declarada culpable y condenada a la hoguera.


La muerte de Juana de Arco en la Estaca , por 
Hermann Stilke 

El 30 de mayo de 1431, Juana, que nunca se arrepintió ni se contradijo de sus palabras, fue quemada en Ruan y sus cenizas echadas al río Sena. Los ingleses no mostraron ni el mínimo arrepentimiento. Y de poco les valió todo además, perdieron la ventaja en la guerra y jamás la recuperarían, perdiendo terreno poco a poco hasta ser expulsados de Francia.

La Iglesia, horrorizada, y presionada por Francia, por un juicio con tan pocas garantías, organizó un nuevo juicio en 1456 donde Juana fue exonerada de los cargos anteriores. Juana, canonizada en 1920, se convirtió en la gran heroína y santa de Francia.

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