La secta de los circunceliones, fanáticos en los inicios del cristianismo

Los circunceliones fueron una secta cristiana aparecida en el siglo IV que buscaba el martirio de forma activa y violenta para llegar cuanto antes al lado de Dios.

Desde el siglo II o incluso antes, con el cristianismo creciendo de forma desmesurada por todo el Imperio Romano. Empezó a aparecer una forma de entender la religiosidad de lo más peligroso para uno mismo. El martirio.

Por todo el imperio, cientos de cristianos buscaron ser martirizados por las autoridades romanas para así poder llegar al cielo. Los mártires eran los auténticos héroes de los cristianos, cuanto más pública y dolorosa fuera la muerte, más famoso se hacía el mártir. Daba igual lo que hubiesen hecho en vida, si morían por Dios, iban al cielo y serían recordados para siempre.

Las historias sobre mártires llegan hasta nuestros días, muchos santos fueron mártires. Y si bien es cierto, que el Imperio Romano persiguió y mató a cristianos, su número es mucho menor al que se quiso reconocer. Por lo general, la Iglesia siempre ha tratado a los emperadores y gobernadores romanos como locos sanguinarios que buscaban hacer desaparecer el cristianismo, cuando la realidad es que muchos se entregaron al martirio de forma suicida cometiendo delitos contra la religión y el orden romanos que sabían que los llevarían a la muerte.

El martirio de san Aproniano de Baltasar de Echave Orio

Y de todos estos cristianos radicales destacan los circunceliones.

La mayoría de los circunceliones eran hombres de la escala social más baja, con vidas duras y difíciles que encontraban en el martirio no sólo una forma de escapar, sino que se entraban a formar parte del grupo más privilegiado de la cristiandad, los mártires.

Su nombre, circunceliones, parece que tiene que ver con su ocupación, ya que como no se podía alejar mucho de las granjas donde trabajan se dedicaban a andar alrededor (circum) de ellas.

Esta secta, sobre todo se extendió por el norte de África.

Los circunceliones tenían una forma muy especial de entender la vida, como su fin era el martirio, paradójicamente disfrutaban de la vida más que el cristiano común. En los aniversarios de las muertes de sus mártires, celebraban enormes fiestas llenas de alcohol y sexo. Estas fiestas eran aún mayores en los días que alguno de los suyos era martirizado.

Se podían permitir todos estos excesos porque, al morir martirizados, todos tus pecados eran automáticamente perdonados.

Esta forma de pensar y vivir atrajo a muchísimo jóvenes a sus filas, dispuestos a todo tipo de violencia para convertirse en los siguientes mártires.

Pero esta forma de vivir era repudiada por muchos cristianos, como San Agustín, que los rechazaba despectivamente. Otros los consideraban, llanamente, una secta de muerte.

San Agustín y los donatistas, de Charles-André van Loo

La secta prosperó durante años, generando mártires, mientras el cristianismo se iba haciendo poco a poco con el poder en el Imperio Romano.

Ya en el siglo V, con el cristianismo ya firmemente afianzado como religión oficial, los circunceliones dejaron de ser tanto mártires, si las autoridades eran de tu misma religión era difícil que te mataran por ello, para convertirse en turbas armadas que atacaban a todos aquellos que no compartían sus creencias religiosas.

Incluso atacaron, torturaron y mataron a sacerdotes, cristianos o no, que no compartían su manera de ver las cosas. Su tortura favorita era dejarlos ciegos.

Se llamaban a si mismo Soldados de Cristo.

La secta se convirtió en un gran problema. Se dedicaban a deambular por pueblos y ciudades, destrozando propiedades, quemando iglesias y casas.

Circunceliones dando una paliza

En una tergiversación de la biblia, digna del más cínico, usaban garrotes para atacar a sus enemigos, por las palabras de San Mateo: “vuelve tu espada a su lugar, porque todos los que tomen espada, a espada perecerán”, y así se libraban de cometer pecado.

A pesar de todo, los circunceliones habían resultado muy útiles a la Iglesia hasta el momento. Criados en la violencia, la destrucción y la intimidación, al final perdió la capacidad de controlarlos.

Con el tiempo, incluso las autoridades romanas cristianas, que terminaron por considerarlos heréticos,  intentaron reprimirlos, con altos costes de vidas, y más mártires para la causa de los circunceliones.

La secta fue perdiendo importancia hasta su desaparición a mediados del siglo VII.

 

BIBLIOGRAFÍA: parte de la información sobre el tema ha sido extraída de La Edad de la Penumbra, de Catherine Nixey.

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