La rebelión de Shimabara de los cristianos japoneses

El Shogunato Tokugawa fue uno de los periodos más pacíficos de Japón, pero los shogunes encontraron un enemigo interno al que combatieron con dureza y crueldad, los japoneses cristianos.

El cristianismo penetró en Japón a mediados del siglo XVI cuando misioneros jesuitas empezaron a acompañar a los comerciantes portugueses que hacían negocios en la isla.

La nueva religión caló en algunas zonas del sur de Japón y se fue expandiendo poco a poco, la isla vivía tiempos convulsos con una guerra civil que ya duraba mucho tiempo.

El ascenso de Oda Nobunaga y Toyotomi Hideyoshi supuso la unificación de Japón y aquí comenzaron los problemas para los cristianos, tantos autóctonos como misioneros.

Toyotomi Hideyoshi empezó a buscar enemigos, tantos internos como externos, que impidieran la unificación japonesa y encontró en los cristianos un grupo que se desviaba de la tradición y de la sumisión que él quería.

Martirio de los franciscanos en Nagasaki de Francesco Maffei.
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La persecución contra los cristianos, kirishitan en japonés, comenzó, el mayor ejemplo fue el 5 de febrero de 1597 en Nagasaki, cuando se crucificó a un  grupo de 26 cristianos, entre ellos seis monjes españoles y mexicanos.

Con Tokugawa Iegasu y el comienzo del shogunato Tokugawa, que cerró las fronteras y expulsó a todos los extranjeros, las persecuciones continuaron y muchos cristianos fueron asesinados.

Todo terminaría de torcerse con la subida al poder de Tokugawa Iemitsu que prohibió por ley el cristianismo en 1633.

Tokugawa Iemitsu era un gobernante inflexible que promulgó muchísimas leyes y que quería mantener a Japón en la tradición, para él los cristianos, por el mero hecho de existir, eran subversivos al gobierno, ya que obedecían a una autoridad superior que él no reconocía, al dios cristiano.

A pesar de todo, aún había unos cuantos miles de cristianos en Japón, incluso algunos de ellos eran antiguos samuráis. Muchos serían considerados mártires al ser asesinados por el gobierno japonés.

El shogun Tokugawa Iemitsu
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En la región de la península de Shimabara, a los altos impuestos que los campesinos tenían que pagar, se le unió una sequía que provocó una enorme hambruna. Lejos de ayudar, el shogunato castigaba a aquellos que no podían pagar, a la postre esto desencadenó una revuelta.

Los campesinos no podían más y en el otoño de 1637 todo estalló cuando un recaudador de impuestos fue asesinado por abusar de su poder. Toda la aldea, campesinos y rōnin, antiguos samuráis sin señor, se levantaron en armas.

Al poco tiempo, toda la región de Shimabara estaba en manos de los rebeldes, que sumaban unos cuarenta mil.

Los cristianos se unieron a la rebelión, ya que ellos también estaban hartos de los abusos de los gobernantes.

Los rebeldes intentaron tomar algunos castillos, pero al no conseguirlo se hicieron fuertes en una fortaleza abandonada, el castillo Hara, cuya posición estratégica, ya que estaba rodeada por mar por tres de sus lados, la hacía fácil de defender.

El shogun envió a sus tropas para reprimir la revuelta. Pero los rebeldes consiguieron rechazar los ataques del ejército durante cuatro meses de asedio.

El shogun incluso pidió ayuda a sus únicos socios comerciales, los holandeses, que los proveyeron con fusiles y cañones.

Los atacantes sufrieron muchas bajas intentando tomar el castillo, dejando en ridículo a los ejércitos gubernamentales, que no eran capaces de echar de acabar con un grupo de campesinos sin apenas medios.

En abril de 1638, poco antes de tener que rendirse, los veintisiete mil rebeldes que se encontraban atrincherados, tuvieron enfrente a ciento veinticinco mil soldados.

Ya sin alimentos ni pólvora con la que luchar, el castillo cayó el 15 de abril. Muchos rebeldes lucharon hasta el final. El shogun mandó quemar el castillo.

Ruinas del castillo Hara en la actualidad. https://commons.wikimedia.org

La represión posterior fue brutal. Treinta y siete mil rebeldes fueron decapitados y las leyes contras los extranjeros y los cristianos aún fueron más duras.

Japón se cerró al exterior y se mantendría así otros doscientos años.

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