La ofensiva Brusilov, la gran victoria rusa

Durante la Primera Guerra Mundial, en 1916, el Imperio Ruso lanzó un ataque enorme y brutal contra las potencias centrales que se convertiría en la mayor victoria rusa de la guerra y en una de las operaciones militares con más muertos.

El año 1916 fue crucial en el desarrollo de la guerra, que en este momento se centraba sobre todo en el frente occidental, donde la Batalla de Verdún devoraba vidas y vidas.

Por lo que la Triple Entente decidió intentar un nuevo ataque en el frente oriental para intentar distraer tropas del resto de batallas, nadie esperaba mucho de este ataque.

Las potencias centrales eran las que menos se estaban preocupando por el frente oriental, dados los fallidos intentos anteriores de los rusos, por lo que apenas tenían tropas en la zona. Los austrohúngaros estaban preparando un gran ataque sobre Italia y los alemanes necesitaban mandar más tropas a Verdún.

En abril, el general Alekséi Brusílov presentó un nuevo plan, un ataque rápido e intenso, con artillería primero y un ataque coordinado en cuatro lugares de los 300 kilómetros de frente.

El general Alekséi Brusílov

Brusílov preparó el plan con sumo cuidado, consiguiendo reunir mucha información de las posiciones enemigas y entrenando a sus tropas para lo que les esperaba.

El general contaba con unos seiscientos mil hombres, divididos en cuatro ejércitos (7º, 8º, 9º y 11º), frente al medio millón de soldados austrohúngaros y alemanes, también tenía cierta ventaja en número de artillería y munición.

El 4 de junio empezó la ofensiva con un fuerte ataque de artillería, que cogió desprevenidos a los austrohúngaros, el posterior ataque del 8º ejército, el situado más al norte de la línea de trincheras, avanzó tan rápido que para dos días después habían tomado todas las trincheras enemigas. Llegaron a profundizar 70 kilómetros en el frente enemigo.

En el centro, al 11º ejército no le fue mucho peor, consiguiendo sus objetivos en apenas unos días, igual que el 7º ejército, que también tomó las posiciones enemigas.

Al sur de la línea de ataque, el 9º ejército consiguió una victoria inicial a pesar de que encontró más resistencia, pero al final rompió las defensas enemigas y puso al ejército austrohúngaro en retirada, consiguiendo un avance parecido al 8º ejercito.

Para el 8 de junio los rusos habían sufrido treinta y cinco mil bajas entre muertos y heridos, pero habían hecho retroceder a las tropas enemigas, que sufrieron muchísimas bajas, además de perder ciento noventa mil hombres capturados como prisioneros.

El plan de ataque a la izquierda, a la derecha, las líneas rojas indican el avance de las tropas rusas

Tras el éxito inicial los rusos se detuvieron, sus líneas de abastecimiento y sus muchos heridos no le permitían internarse demasiado más en territorio enemigo.

El 6 de julio la ofensiva rusa comenzó de nuevo tras conseguir nuevas tropas. De nuevo el avance fue un éxito, volviendo a derrotar a los austrohúngaros, pero las cifras de bajas de los rusos empezaron a ser altísimas, ciento veinte mil muertos o desaparecidos y trescientos setenta mil heridos.

Las nuevas tropas alemanas llegadas para ayudar era harina de otro costal, y en el ataque ruso a la ciudad de Kóvel, las tropas alemanas, ciento quince mil soldados, derrotaron a doscientos cincuenta mil rusos. Los nuevos refuerzos, peor entrenados, y un terreno inadecuado para el ataque fueron decisivos para parar a los rusos.

Para agosto el frente se había vuelto a más o menos a estabilizar, a las Potencias centrales les costó más de setecientos sesenta mil soldados muertos o capturados parar el avance planeado por Brusílov.

Infantería rusa en 1916

Gracias a sus increíbles avances, que llegaron a la zona cercana a la frontera rumana, la Triple Entente consiguió que por fin Rumanía entrase en la guerra de su lado.

Pero el enorme coste de vidas que supuso el plan de Brusílov empezó a pasar factura y el avance se detuvo completamente tras haber conseguido tomar cuarenta kilómetros cuadrados de territorio enemigo.

Los ejércitos rusos provocaron setecientas mil bajas a los austrohúngaros, de ellas cuatrocientos mil prisioneros, y trescientas cincuenta mil a los alemanes. Por su parte los rusos perdieron a medio millón de hombres.

La ofensiva Brusílov supuso una herida mortal para el Imperio Austrohúngaro, que pasó a ser un mero títere de los alemanes.

Pero al final la victoria rusa también fue el principio de su final, muchísimos regimientos dejaron de luchar, ya que la mortalidad entre los oficiales de rango medio había sido altísima, y el agotamiento y la desesperación hicieron mella en los soldados rusos.

Su mayor victoria los dejó al borde del amotinamiento, ya no querían seguir muriendo, en ese momento de la guerra las bajas rusas superaban el millón, y no querían seguir luchando para un zar y unos generales que los usaban como carne de cañón, además de saber que en casa sus familias estaban pasando hambre. Este fue uno de los motivos por los que, en poco tiempo, la Revolución rusa tendría éxito.

 

 

 

 

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