La Guerra serbo-búlgara

Esta guerra entre Serbia y Bulgaria duró la friolera de 14 días. Una Serbia envalentonada intentó que no fructificase la unión de Bulgaria, pero su terrible mal cálculo sobre la fuerza de su rival le llevó a una abochornante derrota.

En 1878 se había celebrado el Congreso de Berlín, donde las potencias europeas habían dictado como debía ser el reparto de poder en los Balcanes. Entre otras medidas se había dividido en dos los territorios de mayoría búlgara: el Principado autónomo de Bulgaria y Rumelia, los dos bajo control otomano, pero el Imperio, ya muy debilitado pronto perdió el control sobre el Principado, y este, poco a poco fue ganando poder sobre Rumelia, hasta que en 1885 se anunció la unión de las dos naciones en una sola: Bulgaria.

Pero esta unión no contaba con el beneplácito de las grandes potencias, sobre todo el Imperio Ruso, que quería un control total sobre la zona, pero a pesar de todo, este malestar nunca se concretó en nada más, los distintos pactos entre el Imperio Alemán, el Imperio austrohúngaro y el Ruso dejaron sin efecto cualquier intervención en la zona. Pero Serbia, que veía peligrar su poder en la zona sí que estaba dispuesta a llegar a las manos.

El Congreso de Berlín por Anton von Werner

El rey serbio, Milan I, calculó mal desde el principio las consecuencias de la unión de Bulgaria y de las amenazas que ellos podían llevar a cabo, pensando desde un principio que sería apoyado por alguna de las potencias, o al menos por otros países vecinos, se encontró solo en sus reclamaciones contra Bulgaria, pero apoyado por su gobierno decidió declarar igualmente la guerra a Bulgaria por sorpresa el 14 de noviembre de 1885 aprovechando un pequeño accidente fronterizo entre los dos países.

Los serbios calcularon mal las fuerzas de su rival y pensaban que con sus 60000 hombres serían suficientes, los búlgaros contaban más o menos con los mismos efectivos pero peor entrenados y armados y sin apenas altos mandos al ser un estado tan nuevo, por su parte, los serbios deberían haber contado con ventaja en estos puntos, pero las depuraciones del rey entre el alto mando provocó que no tuviera tampoco muchos líderes militares capacitados.

Milan I de Serbia

El líder búlgaro, el príncipe Alejandro I, movilizó a las tropas en la frontera, que se atrincheraron aprovechando el terreno montañoso cercano. Los serbios chocaron contra las defensas y al principio consiguieron algunas pequeñas victorias, pero en los días siguientes empiezan a ser parados por los búlgaros. El 18 de noviembre los búlgaros lanzan un contraataque y en la Batalla de Slivnitsa donde infringen una dura derrota a los serbios, pero estos se recuperan parcialmente y recuperar posiciones para ser barridos de ellas unos días después mientras conseguían mantener las posiciones defensivas en otros lugares de la frontera.

Después de algo más de una semana los serbios empiezan a perder terreno ante los búlgaros, cuya moral ha crecido después de defenderse exitosamente, los serbios, que ahora ya no estaban tan seguros de sí mismos, intentaron conseguir la paz pero les fue negada y los ataques replegaron a su ejército hacia su país, traspasando los búlgaros la frontera hacia el 24 o 25 de noviembre, desbaratando tanto las defensa como los ataque serbios penetrando más y más en territorio enemigo.

Los búlgaros marchando a la frontera

El 28 de noviembre, sólo 14 días después de que los serbios declararan la guerra, fue enviado el embajador austrohúngaro de Belgrado a hablar con el príncipe búlgaro, la preocupación de las grandes potencias ahora era muy real, temían que si la guerra continuara Bulgaria se hiciera demasiado poderosa, por lo que pidieron el fin del ataque a lo que Alejandro I aceptó, ya tenía lo que quería.

Los tratados de paz posteriores significaron la aceptación del nuevo estado de Bulgaria y supuso un hondo malestar en Serbia, sobre todo en el ejército, ya que había sido derrotado por uno claramente inferior, el rey Milan I tuvo que abdicar en su hijo tres años después.

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