La guerra civil portuguesa

Tras la muerte del rey Juan VI en 1826 el trono fue disputado por sus dos hijos, Pedro, en ese momento Emperador de Brasil, constitucionalista, y Miguel, absolutista, provocando una guerra civil que duró desde 1828 a 1834.

Para entender el motivo de la guerra hay que ponerse en antecedentes. Durante la invasión napoleónica de España y Portugal, la familia real, con la reina María I a la cabeza, decidió escapar de Napoleón marchándose a Brasil, convirtiendo a Río de Janeiro en la capital del reino, una vez acabada la guerra había quedado claro que la situación colonial entre Brasil y Portugal había cambiado, ahora Brasil era la metrópolis, incluso el nuevo rey, Juan VI, siguió instalado en Brasil, pero la Revolución liberal de 1820 de Porto, provocada por el absolutismo del rey y el hecho de que Portugal ya no era el centro del reino, provocó que Juan VI, tuviera que volver a Lisboa y además aceptar la Primera Constitución portuguesa. En Brasil quedó como regente su hijo mayor, Pedro de Braganza. Lo que provocó que poco después, en 1822, otra revolución, apoyada por Pedro, liberal y constitucionalista, llevó a la Independencia de Brasil, siendo elegido Pedro como primer monarca como Pedro I de Brasil.


Pedro proclamando la Independencia de Brasil. Pintura de François-René Moreau

Por su parte, Miguel de Braganza, hijo pequeño de Juan VI, absolutista y conservador, había intentando dar dos golpes de estado fallidos en 1820, por lo que se encontraba en Viena en el exilio.

Cuando Juan VI en 1826, quizás un poco harto de sus hijos, estaba en el lecho de muerte, al preguntarle quien debía reinar, dijo que “su hijo en el extranjero”, dejando a todos con un palmo de narices y llevándose la broma a la tumba.

Como el trono teóricamente pertenecía al mayor, Pedro fue coronado rey como Pedro IV de Portugal, pero el hecho de querer mandar desde Brasil, provocó que en solo dos meses, ante las protestas en sus dos reinos y el intento de revuelta de su hermano Miguel, tuviera que renunciar, dejando el trono a su hija María, de solo 7 años, con la condición, para contentar a todos, de que se casara con su tío Miguel una vez fuese mayor, mientras tanto sería el regente, pero debía aceptar una nueva Constitución, la de 1826.

El acuerdo no gustó a ningún bando y Miguel, en cuanto ganó poder suficiente, apartó a su sobrina y se hizo nombrar rey, Miguel I, disolviendo las Cortes y abolió la Constitución. Pedro no lo supo ver o no fue capaz de evitarlo dada la distancia entre las dos cortes. En Porto se mantuvieron leales a Pedro y María, pero fueron duramente reprimidos.

Miguel I

Pedro, viendo que no le quedaba más remedio que personarse en Portugal para arreglar este lío, decidió abdicar en su hijo pequeño, el que sería Pedro II de Brasil, y partir de vuelta a Europa en 1831. Una vez en Francia, marcha con los suyos y se toma las Azores, desde donde marcha hacia Porto, que es liberada, pero poco después las tropas de Miguel I rodearon la ciudad siendo unos 60000 contra los 8000 leales a Pedro y María. Y a pesar de que todo parecía perdido, Porto resistió durante más de 1 año, costando la vida a miles de defensores, pero a muchos más atacantes. Pedro aprovechó para mandar a su mejor general, Antonio Severim de Noronha a tomar Lisboa desde Alentejo, tras la caída de la capital, la derrota de la marina de Miguel y la definitiva Batalla de Aceireira, este y los suyos se ven rodeados en el castillo de Évora-Monte, donde se rindió en 1834.

María I de niña

Miguel tuvo que renunciar al trono y marcharse al exilio. Pedro, que no volvió a ser rey, sino que mantuvo a su hija María II, confiscó las propiedades de los aliados de Miguel, incluida la Iglesia, llegando a romper relaciones con Roma durante un tiempo y restauró la Constitución de 1826 y poniendo los cimientos para un gobierno liberal y moderno.

Pero lamentablemente Pedro murió poco después, posiblemente de tuberculosis, con sólo 35 años. Como última voluntad, pide ser enterrado en Brasil, pero su corazón se quedaría para siempre en Portugal, en Porto, que siempre le fue leal, y ahí sigue, guardado bajo llave en la Iglesia de Lapa.

*la foto de portada es de la estatua de Pedro IV que está en Porto.

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