La Fuga de los Condes, el fin de la Irlanda gaélica

En 1607, las principales familias nobles irlandesas, golpeadas por las continuas derrotas contras los ingleses y abrumados ante las imposiciones inglesas, ahora los verdaderos señores de Irlanda, decidieron marcharse de la isla acabando con el antiguo régimen irlandés.

Cuando los ingleses llevaban casi 200 años de turbulento dominio en Irlanda, en 1595 estalló la Guerra de los Nueve Años Irlandesa, donde los nobles gaélicos Hugh O’Neill, conde de Tyrone, y Red Hugh O’Donnell, señor de Tyrconell, intentaron librarse del yugo inglés.

Pero la guerra acabó en 1603 con la derrota irlandesa en la Batalla de Kinsale.

El rey inglés, Jacobo I, les ofreció una amnistía a todos los rebeldes y el mantenimiento de los títulos nobiliarios a los cabecillas.

Pero la cosa no sería tan sencilla, en el trato iba incluida la ley de rendición y reconcesión, lo que suponía que los nobles irlandeses tenían que entregar sus dominios, que les serían devueltos por la corona, y pasarían a cumplir las normas inglesas. De esta manera la corona inglesa tenía el poder de quitarle las tierras a quien se mostrase poco dispuesto a colaborar.

Aodh Mór Ó Néill o Hugh O’Neill

Al poco de consumarse la derrota, Red Hugh O’Donnell decidió partir a España, aliada de ellos durante la recién terminada guerra, para intentar recabar apoyos para un nuevo levantamiento, durante un tiempo estuvo en Galicia, donde llegó a ser el germen para la fundación del Colegio Irlandés de Santiago de Compostela. Pero cuando marchó a Valladolid a entrevistarse con Felipe III murió en extrañas circunstancias.

Rory O’Donnell, el hermano de Red Hugh, consiguió que Jacobo I le devolviese el señorío, convirtiéndose en el conde de Tyrconell. Tanto él como Hugh O’Neill habían aceptado los términos ingleses, pero pronto empezaron a buscar la manera de volver a alzarse contra ellos.

A partir de 1605, el principal problema de los irlandeses fue sir Arthur Chichester, Lord Teniente de Irlanda, que empezó a presionar cada vez más a los principales clanes, los O’Donnell, O’Neill y Maguire.

Los ingleses querían que terminaran de aceptar su modelo de gobierno mientras se llevaba a cabo la colonización de los condados irlandeses trayendo colonos de Escocia e Inglaterra y cediendo territorio a los irlandeses leales. Esto chocaba de lleno con la forma de vida de los clanes, por lo que se revolvieron una y otra vez contra esto.

Los condados irlandeses sujetos a la colonización inglesa (1556-1620)

Arthur Chichester no paraba de presionar más y más e iba arrebatando poco a poco tierras a los señores irlandeses y acusándolos de traición a la mínima oportunidad. Tanto O’Neill como O’Donnell se quejaron al rey, pero poco consiguieron.

Al final Hugh O’Neill y Rory O’Donnell decidieron que lo mejor era escapar antes de que fuera tarde y buscar apoyos fuera de Irlanda, por lo que se fugaron a España. Con ellos se fue una gran parte de la nobleza tradicional irlandesa.

En 1607 se marcharon en un barco con bandera francesa con destino a España, pero los fuertes vientos los llevaron hasta Francia. Desde allí partieron a Flandes, para entrevistarse con los funcionarios españoles.

Pero no los encontraron, Felipe III decidió no apoyarlos, ya que el reino acababa de sufrir una dura derrota en la Batalla de Gibraltar contra los holandeses y no estaba dispuesto a meter al país en más conflictos.

Tras este fracaso marcharon hacia Italia, donde fueron acogidos por el papa. Desde allí siguieron intentado conseguir apoyos para poder volver a Irlanda.

Estatua conmemorativa de la Fuga de los Condes

En 1613 fueron declarados proscritos por la Corona inglesa y sus tierras fueron confiscadas. Esto levantó bastante revuelo, ya que muchos países católicos no lo aceptaron y mantuvieron las distinciones de los irlandeses en el exilio, pero jamás hubo un apoyo armado real.

Rory O’Donnell falleció al año siguiente de llegar a Roma, en 1608. Su hijo, Hugh O’Donnell, luchó con España y llegó a ser coronel de los tercios, murió en 1632 en un ataque naval contra los franceses.

Hugh O’Neill murió también en Roma en 1613. Uno de sus hijos Sean O’Neill, reconocido por España como Conde de Tyrone luchó en la Guerra de Flandes.

La Fuga de los Condes está considerado el punto y final del antiguo orden gaélico en Irlanda, y un gran acelerón para la colonización de Irlanda, que traería muchísimos más conflictos con ella, como La rebelión Fallida de 1641.

 

 

 

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