La Batalla de Liegnitz, una masacre mongola en Polonia

En el avance mongol hacia occidente, las tropas de Batu Kan se encontraron con cuarenta mil polacos al mando de Enrique II el piadoso, que intentó frenar el ímpetu mongol.

En 1240, los mongoles habían tomado Kiev, por lo que siguieron avanzando hacia el oeste.

Aquí, el ataque se dividió en tres para abarcar más territorio y penetrar a la vez por Polonia y por los Cárpatos, mientras el tercer ejército avanzaba por el río Danubio.  Su objetivo era tomar el Reino de Hungría.

Alexander Nevsky de rodillas ante Batu Khan. https://commons.wikimedia.org/

Batu Khan, líder de la Horda Azul (una subdivisión del Imperio Mongol), uno de los nietos de Gengis Khan, encabezó el ataque por los Cárpatos.

Mientras tanto, dejó a su primo Baidar, también nieto de Gengis, al frente del ejército que atacó Polonia. Subotai, su mejor general, comandó las tropas centrales.

Baidar atacó a los polacos y los derrotó en las batallas de Tursko, Tarczek y Chmielnik, tras esto, marchó contra Cracovia, ciudad que destruyó.

En su avance se encontró un nuevo escollo, el ejército de Enrique II el Piadoso, Duque de Silesia y Duque de la Gran Polonia, básicamente el soberano de Polonia y el más poderoso de toda la zona.

Enrique pidió ayuda a otros soberanos europeos, pero ninguno respondió, incluso aquellos también amenazados por los mongoes, salvo Wenceslao I de Bohemia y los caballeros Templarios y Hospitalarios de la zona.

Las estimaciones sobre el número de tropas que conducía Enrique II varían mucho, entre veinte y cuarenta mil hombres, la mitad caballería. Lo que queda más claro es que en cualquier estimación los mongoles eran muchos más.

El principal problema de Enrique II era que las tropas de Wenceslao estaban a un día de marcha cuando llegaron los mongoles. Tenía dos opciones, o marcharse precipitadamente o quedarse a luchar, y eligió la segunda.

Enrique no se amilanó. Si tenía que luchar así lo haría.

Retrato de Enrique II por Jan Matejko. https://commons.wikimedia.org/

Buscó una posición elevada para sus hombres y puso a la caballería delante.

Los jinetes polacos se lanzaron contra los mongoles, que los rechazaron a flechazos gracias a su mayor movilidad.

Al segundo intento parece que hicieron retroceder a los mongoles, pero era sólo su táctica favorita, similar una huida y volver a atacar.

Los caballeros de metieron de lleno en la trampa, quedando inmovilizados entre la infantería enemiga y los arqueros a caballo que los atacaban sin parar.

Para poner peor las cosas, un incendio en la maleza creó una cortina de humo que impedía a la infantería polaca ver a su caballería. Los mongoles, con un ejército más móvil, tenían las de ganar.

Fue una masacre total, los caballeros, completamente rodeados, no pudieron evitar ser tirados de los caballos y rematados en tierra. Todo el ejército polaco fue aniquilado.

Enrique, como sus hombres, murió en combate. Su cuerpo pudo ser encontrado días después de la batalla, al revisar los cuerpos caídos. Su mujer lo reconoció, el cuerpo estaba decapitado, porque en su pie izquierdo tenía seis dedos.

Tras la victoria, los mongoles avanzaron hacia la ciudad de Liegnitz y les mostraron a sus horrorizados ciudadanos la cabeza de su líder.

Los mongoles que llevaban la cabeza de Enrique II ante Liegnitz. http://www.getty.edu/art/collection/objects/4020/unknown-maker-the-tartars-carrying-the-head-of-heinrich-before-castle-liegnitz-saint-hedwig-seeing-in-a-dream-her-son’s-soul-carried-to-heaven-silesian-1353/

Pero los mongoles no se quedaron, ya que no querían verse enzarzados en otro combate contra el ejército de Wenceslao I, que se encontraba apenas a un día de distancia.

Su principal objetivo, evitar que Polonia ayudara a Hungría, el verdadero objetivo de Batu Khan, se había cumplido, por lo que se marcharon al sur a unirse con sus fuerzas principales.

Los mongoles apunto estuvieron también de tomar Hungría tras derrotarlos en otra batalla, pero su avance imparable fue interrumpido por la muerte de Ogodei, el Gran Khan, que hizo que Batu se retirara al este para negociar quien sería el siguiente gran líder.

Europa se salvó de milagro.

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