La Batalla de Cannas, una masacre muy bien estudiada

Durante la Segunda Guerra Púnica, Aníbal demostró que era un genio táctico en la Batalla de Cannas, donde venció y prácticamente aniquiló a dos ejércitos consulares romanos usando una táctica tan buena que se sigue estudiando.

En el año 218 a.c., con la guerra ya comenzada, Aníbal atacó por sorpresa a Roma en suelo italiano tras atravesar los Alpes en una arriesgada y genial jugada que cogió a los romanos por sorpresa.

Desde entonces los había derrotado en cada enfrentamiento. En la Batalla de Tesino, una lucha entre las caballerías de los dos ejércitos, salió herido el cónsul Publio Cornelio Escipión padre, que no estaría presente en la Batalla de Trebia, donde el otro cónsul, Tiberio Sempronio Longo perdió a la mitad de sus hombres en el combate.

Estatua de Aníbal hecha por François Girardon, que actualmente se encuentra en el jardín de las Tullerías de París. https://commons.wikimedia.org/

Un año después Aníbal se volvería a enfrentar a otro ejército consular, esta vez liderado por Cayo Flaminio en la Batalla del Lago Trasimeno, donde Aníbal destrozó al ejército romano, muriendo entre muchos el propio Flaminio.

Pero los romanos eran tozudos y nunca se rendían, por lo que en el 216 a.c.  prepararon nuevas legiones y las mandaron otra vez contra Aníbal tras fracasar el intento de guerra de desgaste de Quinto Fabio Máximo. Los romanos querían un nuevo enfrentamiento y lo encontraron con creces.

Los dos nuevos cónsules, Cayo Terencio Varrón y Lucio Emilio Paulo, al frente de un enorme ejército de ocho legiones romanas y otras tantas aliadas marcharon hacia Apulia, lugar donde estaba Aníbal en ese momento.

Los dos ejércitos se encontraron y plantaron sus campamentos a unos diez kilómetros de separación. Durante dos días estuvieron esperando. Aníbal quería combatir, pero al parecer, los dos cónsules, que se turnaban diariamente en el control del ejército, no se ponían de acuerdo.

Los romanos habían desplazado a unos ochenta mil hombres, el doble de los que tenían Aníbal.

Al segundo día, cuando le tocaba a Varrón mandar, decidió plantar batalla.

Los dos ejércitos se desplegaron con la infantería en el centro, con la caballería en los lados.  Los romanos tenía un centro de infantería mucho más compacto y profundo, con la infantería ligera delante y la pesada justo detrás, en su ala derecha estaba la caballería romana liderada por Emilio Paulo y en la izquierda la caballería aliada. Por su parte los cartagineses desplegaron a la infantería hispana, muy disciplinada, al frente, con los galos justo detrás y flanqueados por la infantería púnica, en el ala derecha estaba la temible caballería númida y en la izquierda la íbera.

El inicio del combate.
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De nuevo los romanos habían subestimado a Aníbal. Cuando la batalla comenzó, el centro romano atacó al centro cartaginés, y este empezó a ceder poco a poco, pero sin perder la cohesión. Los romanos, que eran muchos más, siguieron atacando, pero su número jugaba en su contra, ya que se empezaron a apiñar en el centro. A su vez, las alas de ambos ejércitos entablaron combate. La caballería númida derrotó rápidamente a la caballería romana, y rodeando la fuerza enemiga, atacaron a la caballería aliada del ala izquierda, haciendo que se retirasen del combate.

Mientras tanto, el centro cartaginés seguía cediendo terreno, hasta formar una línea en forma de media luna, con todo el ejército romano en el centro de la misma. Todo esto formaba parte del plan de Aníbal, que se encontraba en el centro, dirigiendo la falsa retirada cartaginesa. Los romanos siguieron avanzando mientras la línea cartaginesa se abría más y los empezaba a rodear, pero los romanos, cegados al tener el sol de frente y presionados al ser tantos en un espacio tan pequeño, solo podían seguir avanzando hasta quedar dentro de la trampa que Aníbal había preparado.

Ahora Aníbal tomó la iniciativa e hizo que sus soldados cartagineses, que se habían mantenido en los flancos, rodearan a los romanos, en un espectacular movimiento de tenaza. La tenaza se cerró con la llegada a la retaguardia de los romanos de la caballería cartaginesa, que cerró el círculo alrededor de las legiones romanas.

El movimiento de la batalla.
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Los romanos, que tan apiñados estaban, no podían ni sacar sus armas ni usar bien sus escudos, por lo que fueron masacrados sin piedad por sus enemigos.

Miles de romanos cayeron aquel día, entre cincuenta y setenta mil, y el resto fueron capturados, muy pocos consiguieron escapar de la batalla para volver a Roma a contar lo que acababa de suceder. Entre los muertos se encontraba Emilio Paulo, que tras ser derrotado con la caballería, se unió a la infantería para acabar masacrado como tantos otros.  Los cartagineses perdieron a algo más de quince mil hombres.

La muerte de Lucio Emilio Paulo en Cannas, de John Trumbull (1773). https://commons.wikimedia.org/

Varrón consiguió escapar junto a algunos de sus hombres y volver a Roma. La ciudad estuvo a punto de caer en el pánico, pero de nuevo los romanos mostrarían al mundo de que pasta estaban hechos.

Roma no volvió a plantar cara en una batalla campal contra Aníbal, sino que volvió a las tácticas de desgaste de Fabio Máximo y aunque perdió a aliados muy importantes, que se pasaron al lado cartaginés, consiguió reponerse y seguir luchando.

Tendrían que esperar hasta que un joven Publio Cornelio Escipión se fue a Hispania a derrotar allí a los cartagineses para después saltar a África, haciendo que Aníbal, que nunca pudo sitiar Roma, volviese a su patria para la decisiva Batalla de Zama.

Como curiosidad, los supervivientes de Cannas, que fueron distribuidos en dos nuevas legiones y exiliados a Sicilia, fueron llevados por Escipión a África para luchar, y derrotar, a Aníbal, pudiendo redimirse de su terrible derrota.

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