Hatshepsut, la faraona

Hatshepsut fue la más duradera y una de las más famosas reinas faraón del Antiguo Egipto.

Hija del faraón Tutmosis I y de la reina Ahmose, hija de Amenofis I, el anterior faraón. Fue la única de sus hermanos que llegó a adulta, pero su padre tuvo otros hijos con esposas menores y concubinas.

A la muerte de Tutmosis I en el 1492 a.c., que había expandido mucho las fronteras y dejado un Egipto próspero, el trono, como parece que así quería su padre, debería haber sido para Hatshepsut.

Pero sus medios hermanos no estaban de acuerdo, y uno de ellos, aliado con el chaty (más o menos un gran visir o un primer ministro) Ineni consiguieron imponer su fuerza.

Hatshepsut no pudo hacer nada para evitar la conjura y tuvo que conformarse con ser la esposa real (recordad que a los faraones les gustaba casarse con sus hermanas) del nuevo faraón, Tutmosis II.

El orgullo de la joven reina estaba herido, no en vano era la nieta de Amosis I, creador de la dinastía XVIII al expulsar a los hicsos, y de Ahmose Nefertari, de la que heredó el título de Esposa del dios, el mayor y más importante título que podía tener una mujer en Egipto.

Tutmosis I y su familia

Hatshepsut se dedicó a acumular poder y a buscar la manera de recuperar lo que era suyo por derecho.

Tutmosis II murió en el 1479 a.c., dejando dos hijos varones de unas concubinas y una hija con Hatshepsut, Neferura.

De nuevo, el chaty Ineni quiso imponer su criterio y nombrar al hijo mayor varón a pesar de su falta de sangre real, y con el apoyo de las familias nobles lo consiguió. Pero no contaba con el ingenio de la ahora reina viuda.

Hatshepsut aceptó el nombramiento, pero como el nuevo faraón, Tutmosis III, era menor de edad, se hizo nombrar regente, además bloqueó el casamiento de este con su hija, lo que lo deslegitimaba.

Tras esto, bien asentada en el trono, pudo derrotar políticamente a Ineni y al resto de sus rivales, y apoyada por el clero de Amón (que se vería ampliamente recompensado), se convirtió en la gobernante de facto. Como agradecimiento nombró al sumo sacerdote de Amón, Hapuseneb, como nuevo chaty.

Ya con todo a su favor, se autoproclamó faraón, convirtiéndose en corregente con su pequeño sobrino Tutmosis III, que quedó relegado a un puesto secundario y sin importancia.

Ahora como faraón, para terminar de legitimarse adoptó toda la indumentaria propia de su cargo, incluidos los ropajes masculinos y una barba postiza con la que sale representada. En Egipto las mujeres sí que podían reinar, pero no existían las reinas en femenino, sólo los faraones, en masculino, de ahí que adoptara su estilo.

Hatshepsut con la indumentaria masculina de faraón representada como una esfinge De Keith Schengili-Roberts – Own Work (photo), CC BY-SA 2.5, Enlace

Hatshepsut embelleció y construyó mucho, sobre todo en Tebas, la capital, su templo en Deir el-Bahali, el Dyeser-Dyeseru, es una auténtica obra de arte. Además de muchas otras obras hizo levantar inmensos obeliscos, los más grandes que se habían visto hasta entonces.

La idea de Hatshepsut era que su hija Neferura (que no se sabe bien si era hija de Tutmosis II o del arquitecto favorito de Hatshepsut, Senenmut) la continuase como faraón.

Pero cuando Hatshepsut llevaba reinando unos 15 años, Tutmosis III empezó a buscar su parcela de poder, poniendo en peligro la hegemonía de su tía. Los problemas para Hatshepsut empezaron cuando sus principales aliados murieron casi seguidos, el chaty Hapuseneb y el arquitecto real Senenmut.

El templo de Dyeser-Dyeseru

Pero esto no sería la peor tragedia a la que tendría que enfrentarse, su querida hija Neferura murió al año siguiente, dejando sola a Hatshepsut.

Esto fue aprovechado, siempre quedará la duda de si estuvo implicado en unas muertes tan beneficiosas para él, por Tutmosis III para hacerse con el poder ante una devastada Hatshepsut, que se apartó del poder poco a poco.

Hatshepsut reinó durante 22 años. Moriría unos pocos años después, abandonada por todos por orden expresa del nuevo faraón. Una vez muerta, Tutmosis III intentó borrar por todos los medios su nombre de la historia.

A pesar de su trágico final sí que nos llegó información suficiente sobre esta reina-faraón tan fascinante para la historia.

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