Fernando I, el conde que creó el reino de Castilla

Fernando I fue Conde de Castilla y Rey consorte de León, y desde esa posición conquistó grandes extensiones de terreno e hizo vasallos a muchos reinos de taifas.

Fernando, nacido sobre el 1015, era hijo del rey Sancho III Garcés de Navarra, el Mayor, un rey que a base de pactos y matrimonios se había hecho con el control político sobre el resto de reinos cristianos peninsulares, y de Muniadona, hija del conde de Castilla.

El Condado de Castilla era vasallo del Reino de León, y su titular a partir de 1017 era García Sánchez, el hermano pequeño de Muniadona, pero este fue asesinado en una conjura en 1028, quedando el condado sin heredero al no tener hijos, y tanto Sancho III de Navarra como Alfonso V de León maniobraron para hacerse con él.

Sería Sancho el que lo conseguiría invocando los derechos de su mujer, pero no se lo quedó para sí, sino que se lo entregó a su tercer hijo, Fernando.

Sancho III, de la colección de El Prado

Fernando era solo un adolescente, así que en la práctica era Sancho III quien gobernaba desde las sombras, hasta el punto de que Castilla rompió su vasallaje con León y pasó a estar bajo dominio de Navarra.

Una vez que fue adulto, Fernando se casó con Sancha de León, hermana del nuevo rey leonés, Bermudo III.

Pero no es hasta la muerte de Sancho III en 1035 cuando Fernando pudo empezar a volar en solitario, aunque tenía que aguantar el vasallaje de Bermudo III, que además se casó con su hermana Jimena, convirtiéndolos en dobles cuñados, aunque esto de poco valió.

Para 1037 las hostilidades por las tierras fronterizas entre Fernando y Bermudo llevaron a la guerra. En la Batalla de Tamarón, Fernando, ayudado por su hermano García Sánchez III, el de Nájera, venció a las tropas leonesas, Bermudo III murió durante la batalla, atravesado por un montón de lanzas y espadas enemigas por lanzarse a lo loco al combate.

Para entonces parece que, aunque es algo que no se sabe con certeza, Fernando empezó a usar el título de rey, como Fernando I de Castilla.

Estatua de Fernando I en la Plaza de Oriente de Madrid

Como Bermudo III no tenía hijos, el trono recaía en su hermana Sancha, la esposa de Fernando, los nobles leoneses nos les quedó más remedio que aceptar a los nuevos reyes, aunque con muchas reticencias y rebeliones, sofocadas todas para el año 1050.

Pero a Fernando le gustaba mucho pelear, y en 1054, ya estaba a leches con su hermano García de Navarra por el control de las tierras fronterizas entre los dos reinos y algunas disputas personales entre los dos, en la Batalla de Atapuerca, Fernando derrotó a los navarros y García murió durante la batalla.

Fernando incorporó numerosas tierras e impuso vasallaje sobre su joven sobrino, Sancho Garcés IV. Aunque unos años después intentarían alzarse, siendo nuevamente derrotados, perdiendo más territorios y pasando la taifa de Zaragoza a control castellano.

Pero no solo con su familia se peleó, en cuanto pudo inició una agresiva campaña hacia el sur contra los musulmanes. Tomó numerosas plazas en la zona del alto Duero y repobló Zamora y otros pequeños asentamientos.

Para 1062 o 1063 controlaba una extensión de terreno mucho más grande de la que se había encontrado y los reinos taifas de Toledo, Sevilla, Badajoz y Zaragoza le pagaban parias.

En 1605 empezó a encontrase enfermo, muriendo poco después.

Pero, como marcaba la costumbre visigoda, decidió dividir sus territorios entre sus hijos.

Castilla a la muerte de Fernando I

Al primogénito, Sancho, le dio Castilla y las parias de Zaragoza, a Alfonso, el reino de León y las parias de Toledo, a García, el reino de Galicia y las parias de Sevilla y Badajoz y a sus dos hijas, Elvira y Urraca les concedió ciudades y beneficios.

¿Y qué es lo que pasó? Pues que sus hijos, dignos de su padre, se dieron de leches entre sí hasta que solo quedó Alfonso, que sería Alfonso VI de León, el Bravo, el rey que tomaría Toledo.

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