Eugenio de Saboya, el francés que fue el mejor general de Austria

Hijo de nobles franceses, se crió en la corte de Luis XIV, pero destacaría como soldado en Austria en sus luchas contra el Imperio Otomano.

Nacido en 1663, su madre, Olympia Mancini, era sobrina del poderosísimo cardenal Mazarino y su padre un noble emparentado con la familia real, pero tras la sospechosa muerte de su padre, su madre fue exiliada y el trato hacia Eugenio por parte del rey siempre fue malo, negándole cualquier puesto en el ejército como él tanto deseaba.

Por eso, en cuanto pudo, escapó de la corte francesa y se refugió en el Imperio austriaco (o aún Sacro Imperio Romano Germánico), guardándole para siempre un odio tremendo al rey francés, donde ya tenía algunos familiares en el ejército. Allí, en 1683, el emperador Leopoldo I lo nombró oficial y pudo participar en una serie de batallas contra los turcos donde el Imperio Austriaco salió victorioso, gracias en parte a la llamada Liga Santa, formada por ellos, Venecia, Polonia y Rusia.

Eugenio en 1710

El Imperio Otomano estaba en horas bajas, cosa que fue aprovechada por los austriacos para pasar al ataque en 1686, llegando a reconquistar Buda, la antigua capital húngara, mientras tanto, Eugenio iba subiendo en el escalafón militar gracias a su buen hacer militar. Para 1693, tras unos años exitosos, ya era mariscal de campo.

En 1696 estaba al frente del ejército austriaco en Italia y para el año siguiente ya estaba al frente de la reconquista de Hungría, en ese año consiguió una de sus victorias más sonadas, en la Batalla de Zenta donde aplastó un ejército de casi el doble de soldados (cincuenta mil contra más de ochenta mil) tras un ingenioso plan que desarboló las defensas otomanas, apostadas al lado de un río, que fue la tumba de miles de soldados turcos, murieron treinta mil soldados frente a las 500 muertes del ejército austriaco. Tras esto, conquistó Bosnia y Sarajevo sin problemas. Pero a su vuelta se encontró con una conjura en su contra y se le retiró del mando, pero la airada respuesta del pueblo hizo que el emperador le devolviera sus poderes e incluso le concediese poderes militares totales. Esta victoria supuso el fin del dominio otomano sobre Hungría, que pasaría a ser un reino supedita al Imperio Austriaco.

Cuadro de la Batalla de Zenta de Ignace Jacques Parroce

En 1701 estalló la Guerra de Sucesión Española, donde Eugenio defendió los intereses del archiduque Carlos de Habsburgo frente a los de Felipe de Borbón, ya no sólo por lealtad a su país de acogida, sino por su odio hacia la monarquía francesa. Eugenio, junto con su homólogo inglés, obtuvo muchas victorias por Europa, pero al final no valieron de nada tras la Paz de Utrecht y la subida al trono de Felipe de Borbón como Felipe V.

Tras esto fue gobernador de los recién adquiridos Países Bajos austriacos y más tarde regente de las posesiones austriacas en Italia, aunque tuvo tiempo en 1716 de volver a derrotar a un enorme ejército turco en la Batalla de Petrovaradin, de los ciento cincuenta mil soldados otomanos, solo sobrevivieron cincuenta mil. Gracias a esta victoria se tomó definitivamente la ciudad de Belgrado.

Además de un gran militar (era adorado por sus tropas y fue herido en batalla hasta 13 veces) era un amante de la arquitectura y la lectura, se hizo construir a lo largo de los años hasta tres palacios y su enorme colección de libros se encuentra hoy en día alojada en la Biblioteca Nacional de Austria.  Jamás se casó.

Eugenio en 1728

En 1734, con 70 años, participó en la Guerra de Sucesión Polaca, una guerra civil que se convirtió en una especie de continuación del enfrentamiento entre los Borbones franceses y los Habsburgo austriacos, pero pronto se tuvo que retirar dada su avanzada edad.

Eugenio de Saboya murió en 1736, de una neumonía, mientras dormía.

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