Enrique IV del Sacro Imperio, el emperador contra los papas

Enrique IV es el más importante de los emperadores de la Dinastía Salia que gobernaron durante 100 años, Enrique IV gobernaría 49 de ellos, el destino del Sacro Impero Romano Germánico. Enrique es conocido por sus continuos conflictos con los papas de Roma, que le valieron más de una excomunión y  muchísimos problemas.

Enrique, nacido en 1050, era el hijo del emperador Enrique III, el Negro,  y de Inés de Poitou. Enrique III, como su padre, se dedicó a quitarle poder a los nobles para reafirmar el suyo propio, pero murió en 1056, dejando a su hijo menor de edad bajo la regencia de su madre. Pero dos nobles locales, los obispos Anón de Colonia y Adalberto de Bremen se lo quitaron a su madre y se lo llevaron “bajo su protección” para educarlo y convertirlo en un rey que fuera sumiso ante la nobleza.

Enrique IV por Jan van Bijlert

En 1065 por fin pudo gobernar en solitario, y en principio decidió mantener una política de amistad con los nobles, que habían ganado muchísimo poder a su costa, y el papado mientras se apoyaba en la burguesía de las ciudades y en los obispos locales, pero pronto empezaría a tener problemas.

Busco un aliado en el príncipe Salomón de Hungría, que se casó con su hermana, y pronto tuvo que ayudarlo para poder mantener el trono, aunque su principal pretensión era convertir a Hungría en un reino vasallo, aunque la jugada le salió mal y Salomón acabó destronado.

En 1077, el papa Gregorio VII se declaró en contra de las Investiduras, lo que provocaría un enorme conflicto entre Roma y el Sacro Imperio.

Recapitulemos, las investiduras eran una prerrogativa que tenían los soberanos del Sacro Imperio desde hacía ya muchísimos años para poder nombrar a los obispos a dedo para sus sedes eclesiásticas, esto era muy importante porque al no ser heredables, los obispos, por norma general, eran mucho más leales hacia el emperador, lo que suponía un contrapunto frente a la nobleza, muy independiente en muchas ocasiones. Enrique IV usó esto mucho para reforzar su posición.

Pero el papa no estaba dispuesto a que el emperador siguiera nombrando cargos eclesiásticos, por lo que reformó las leyes para que el papa ahora fuese la máxima autoridad y que sólo él pudiese nombrar cargos, incluso con el poder de poner y quitar emperadores. Esto provocó la famosa Querella de las Investiduras, donde Enrique IV contraatacó en el Concilio de Worms, donde depuso al papa, pero este recuperó el poder muy rápido y excomulgó a Enrique, cuyos nobles le dieron un año de plazo para arreglarlo o lo destituirían.

Enrique se vio acorralado por todos lados, pero hizo una jugada que nadie esperaba, marchó al Castillo de Canossa, en el norte de Italia, donde descansaba el pontífice, Enrique llegó a las puertas del castillo sólo y vestido con harapos, y durante los siguientes tres días, bajo una nevada, pasó una penitencia sin comer ni beber pidiendo perdón, es la conocida como Humillación de Canossa, al papa no lo quedó más remedio que perdonar a Enrique.

Enrique humillándose ante Gregorio VII

Enrique IV volvió a su trono, pero algunos nobles, encabezados por Rodolfo de Suabia, pensaban que todo esto lo había vuelto débil, por lo que decidieron no seguir aceptándolo como rey y se levantaron contra él, en la Gran Revuelta Sajona, que duró hasta 1080, cuando Rodolfo murió durante la Batalla del Río Elster. Gregorio VII, amigo de sus enemigos, lo volvió a excomulgar, pero esta vez Enrique reaccionó nombrando a un nuevo papa, el antipapa Clemente III,  y atacó el norte de Italia, tomando muchos territorios, incluida Roma, donde se hizo coronar emperador en el 1084.

En 1088, un nuevo papa, Urbano II, recuperó el poder en Roma y volvió a excomulgar a Enrique, por tercera vez ya, e incluso consiguió convencer al hijo de Enrique IV, Conrado, para ir en contra de su padre, nombrándolo Rey de Italia, pero la revuelta no duró mucho.

Las posturas entre el emperador y el papa no cambiaron, ni con la elección de Pascual II en 1099. Enrique IV volvió a ser traicionado, esta vez por su hijo y heredero, el futuro Enrique V, que no veía con buenos ojos sus continuas disputas contra el papado, y se alío con Pascual II.

En 1105, un cansado Enrique IV tenía frentes abiertos por todos lados, estaba enfrentado con los nobles, el papado y sus hijos, por lo que se convocó la Dieta de Maguncia, donde fue obligado a abdicar en Enrique V, muriendo un año después en Lieja.

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