El Vasa, el barco que se hundió en su inauguración y ahora es un museo

En 1628 el rey sueco Gustavo II Adolfo buscaba mejorar la debilitada marina de su país en el conflicto de la Guerra de los Treinta Años contra Polonia, por lo que mandó construir nuevos barcos, al buque insignia le puso el nombre de su dinastía, Vasa, pero no le dio precisamente suerte, apenas navegó 1 kilómetro y se hundió…

La Guerra de los Treinta Años, una guerra político-religiosa en la que estuvieron inmiscuidas casi todas las potencias europeas, había comenzado en 1618 y Suecia, que había crecido mucho en las décadas anteriores, era uno de los estados metidos en ella. Su rey, Gustavo II Adolfo, tras los numerosos reveses que su flota sufrió, mandó construir cuatro nuevos barcos, más grandes y fuertes que los anteriores para seguir luchando contra la armada polaca, su principal enemigo en ese momento.

El rey Gustavo II Adolfo

El principal de esos barcos sería el Vasa, cuya construcción empezó en 1626, pero enseguida tuvieron problemas al enfermar el principal constructor y tener que ser sustituido, además el rey presionó muchísimo para que el barco estuviera hasta los topes lleno de cañones, hasta 72, mucha potencia de fuego para los barcos de la época, y que se acabara cuanto antes. El barco se construyó con celeridad, mientras el constructor y el rey mantenían correspondencia, lo que podría ser la causa de que se cometieran diversos errores, que unidos a la inexperiencia de los nuevos constructores con este tipo de barcos provocó una situación muy peligrosa.

Cuando la nave estaba casi lista se pasó por el astillero el almirante Klas Flemming para supervisar la construcción. El almirante se quedó muy preocupado al hacer una simple prueba, treinta hombres corriendo de lado a lado del barco, en la que se demostró que la estabilidad del barco era muy precaria, pero como el almirante no podía deshacer las órdenes del rey, se continuó con los trabajos.

El buque estuvo listo el 10 de agosto de 1628, completamente armado y ornamentado con multitud de esculturas como era tradicional en la época, dándole un aspecto magnífico.

Parte trasera del barco donde se pueden ver muchas de las esculturas

El día estaba en calma y apenas soplaba una ligera brisa, así que el capitán, Söfring Hansson, ordenó que se partiera en su viaje inaugural por el Báltico. Todo parecía trascurrir bien, el Vasa navegaba con todos los cañones fuera con las troneras abiertas para hacer una salva. Pero de pronto, tras solo unos minutos en el mar, el viento sopló apenas un poquito más fuerte y el barco empezó a escorarse hacia babor, los marineros consiguieron arriar parte de las velas y la nave recobró la estabilidad, pero un nuevo golpe de viento, más fuerte que el anterior, volvió a escorar el barco, este era demasiado alto y su centro de gravedad estaba tan arriba que era imposible de manejar, pero aún así los marineros consiguieron dominar esta situación, pero antes de que se pudiera hacer algo el agua empezó a entrar a toneladas por las portas de los cañones, aún abiertas y demasiado cerca del nivel de flotación del barco.

El Vasa apenas duró 15 minutos en el mar, hundiéndose con sorprendente facilidad, los pobres marineros e infantes de marina tuvieron que salvarse como buenamente pudieron, agarrándose a los restos flotantes que iban quedando.

Representación del hundimiento en el Museo Vasa

El rey se enfadó muchísimo al enterarse y exigió que se depurasen responsabilidades, pero nadie supo decir el por qué del hundimiento, todo se había hecho con las especificaciones aprobadas por el propio rey y todo el mundo había cumplido… Así que se le echó la culpa al primer armador, ya fallecido, para tener un chivo expiatorio.

El Vasa quedó hundido a 32 metros de profundidad y todos los intentos por reflotarlo fueron en vano, por lo que se fue olvidando… Hasta que en la década de 1950 un nuevo proyecto encabezado por el arqueólogo Anders Franzes recobró el interese en rescatarlo. Y 333 años después de que se hundiera, en 1961, el Vasa volvió a la superficie. Gracias al fango y a un mar frío, se había conservado gran parte de su estructura de madera y las esculturas.

A día de hoy, tras ser conservado, es uno de los barcos-museos más impresionantes del mundo. El Museo Vasa, en Estocolmo, es el museo más visitado en Escandinavia desde su inauguración en 1988.

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