El Saco de Roma

En 1527, las tropas germanas y españolas del emperador Carlos, completamente descontroladas saquearon la ciudad de Roma durante días.

En medio del conflicto entre Carlos I y el rey francés Francisco I, el papa Clemente VII intentó maniobrar para salir de la esfera de influencia del emperador, dando su apoyo a Francia y a otros estados del norte de Italia para que lo protegieran, pero la reacción del emperador no se hizo esperar y fue a la guerra para reclamar lo que consideraba suyo.

Tras algunas batallas, el ejército imperial empezó a llevar la iniciativa contra la Liga de Cognac, que formaba Francia, Inglaterra, Venecia, Florencia, Milán y los Estados Pontificios.

Clemente VII

Pero de pronto surgió un grave problema, no había dinero para pagar a los soldados, en su mayoría mercenarios, por lo que se amotinaron.

El general del ejército, Carlos III, Duque de Borbón, sólo encontró una manera de contentarles, llevarles hacia Roma para tomarla y pagarles con lo saqueado.

Así, un enorme ejército, formado por unos diez mil lansquenetes alemanes, mercenarios con largas lanzas, y otros tantos soldados españoles e italianos, se presentó frente a las murallas de Roma.

A Roma la defendían tres mil soldados recién reclutados, unas cuantas milicias ciudadanas y 189 mercenarios suizos encargados de la seguridad papal.

El Saco de Roma de Johannes Lingelbach

Pero Roma poseía unas buenas y robustas murallas y el ejército imperial apenas tenía artillería.

A Carlos de Borbón le entraron las prisas, ya que no se podía permitir un asedio largo.

En un ataque a las murallas el 6 de mayo, Carlos de Borbón murió por un disparo de arcabuz.

Y el caos se apoderó de todo.

Las hasta ahora tropas imperiales más o menos disciplinadas se convirtieron en una horda que tomó las murallas y entró en la ciudad a sangre y fuego.

Los soldados, sin ningún líder al que obedecer, se dedicaron al saqueo, al asesinato y a otras cosas peores.

A Clemente VII todo esto lo cogió en la Basílica de San Pedro con sus guardias suizos.

De pronto, cientos de tropas imperiales llegaron a la basílica e intentaron tomarla.

El Saqueo por Pieter Bruegel el Viejo

Los 189 guardias suizos se desplegaron en las escalinatas de entrada dispuestos a defender al Papa.

En un combate muy desigual, sólo 42 consiguieron sobrevivir y escapar con Clemente VII por un pasadizo secreto hasta el Castillo de Sant’Angelo.

Durante días continuó el saqueo y pocas personas y edificios se libraron.

Los intentos imperiales por restablecer el orden fueron ignorados.

Después de un mes de saqueos, el 6 de junio, el papa Clemente VII pudo negociar un pago de cuatrocientos mil ducados para que las tropas imperiales respetasen su vida y se fuesen de una vez de una ciudad devastada.

Aunque el emperador Carlos pidió disculpas formales más adelante, a Clemente VII le quedó claro que no era buena idea ir en su contra y desde entonces su política se dedicó a evitar conflictos con el emperador.

La ciudad tardó un tiempo en recuperarse y restablecer su anterior esplendor.

En cuanto a los suizos, esos 189, gracias a su valentía, fueron el germen de la actual Guardia Suiza que sigue protegiendo al Papa.

 

*La imagen del portada es Del saqueo de Roma, de Francisco Javier Amérigo y Aparici, de 1887, que se encuentra en el Museo del Prado

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