El misterio de la tumba de Seti I

Seti I fue un faraón de la XIX Dinastía, gran guerrero, conquistó nuevos territorios y pacificó el reino, tras un buen reinado, que duró sobre 15 años sobre el 1300 a.c., dejó el trono a su hijo, el famosísimo Ramsés II, pero su tumba, descubierta milenios después, fue un misterio y un quebradero de cabeza para muchos arqueólogos.

Seti I no fue enterrado en una pirámide, esa época ya había pasado, sino en un hipogeo, una galería subterránea llena de túneles y habitaciones. Se encuentra en el Valle de los Reyes, lugar de enterramiento de numerosos faraones.

La tumba, conocida ahora como KV-17, fue descubierta por el arqueólogo italiano Giovanni Battista Belzoni en 1817. Belzoni al acceder a ella encontró una sala con maravillosos dibujos y un magnífico sarcófago (hoy conservado en el Museo Soane en Londres) pero sin nadie dentro. Lo que sí que encontró fue un enorme corredor cegado por escombros. Belzoni pensaba que tras ese pasillo estaría la verdadera tumba de Seti I, quizás cuajada de tesoros, por lo que empezó el desescombro, pero la tarea se mostró muy difícil, el pasillo era estrecho, sin ventilación ni luz y con demasiada inclinación, sus trabajadores lo pasaron realmente mal y tras despejar unos 90 metros decidió abandonar su empeño completamente desilusionado.

Grabado de Giovanni Battista Belzoni vestido a la moda egipcia

Tras él llegarían otros que lo intentarían, todos buscando el premio que habría al final del túnel. En 1829 llegó al Valle de los Reyes, Jean François Champollion, famoso por descifrar la Piedra Rosseta. Champollion quiso continuar la labor de Belzoni, pero tras echar cuentas no lo vio factible y decidió pasar, pero antes expolió un poquito la tumba, llevándose grabados y pinturas.

Poco después, en 1843 le tocaría el turno a John Gardner Wilkinson, conocido como el padre de la egiptología británica. Wilkinson, mucho más profesional, se dedicó a copiar los grabados de las paredes para estudiarlos mientras sus operarios seguían desescombrando, pero al comprobar que cada vez el trabajo era más difícil decidió abandonarlo.

Mientras tanto, en 1881, la momia de Seti I fue encontrada en Deir el-Bahari, una suerte de escondrijo para muchas momias, depositadas ahí por sus fieles, para esconderlas de los saqueadores que estaban tomando sus tumbas.

La momia de Seti I

Después llegaría Howard Carter en 1902, Carter empleaba métodos mucho más modernos y científicos propios de la arqueología moderna. Carter se centró en otras galerías que estaban decoradas y aunque quiso continuar la obra, pronto se dio cuenta de que sería demasiado complicado, por lo que abandonó la excavación al año siguiente. Unos años más tarde, en 1922, descubriría la tumba más famosa del mundo, la de Tutankhamón.

Y la tumba quedó de nuevo abandonada hasta 1960, cuando el jeque Alí Abd el-Rassul decide intentarlo, estaba seguro que al final del túnel habría un gran tesoro, además descendía de una de las familias de saqueadores que llevaban en el negocio desde el siglo XIX. El-Rassul se dedicó a limpiar la entrada, retirando grandes cantidades de material, llegando hasta los 150 metros de profundidad hasta que las condiciones de trabajo y el desembolso económico se volvieron insoportables.  Tras darse cuenta de que no sacaría nada en claro y tras haber dañado gravemente la estructura decidió abandonar.

Y llegamos a 1995, cuando el americano Kent Weeks decide intentarlo, Weeks la investigó un poco, pero rápidamente se le quitarían las ganas tras sobrevivir a un derrumbamiento en el que una enorme piedra casi lo aplasta.

Y en 2007 entra en juego Zahi Hawass, el famoso arqueólogo egipcio. Hawass, conociendo los fracasos anteriores llegó a la tumba con mucho presupuesto, tras asegurar el túnel e instalar reíles, empezó un rápido desescombro que le llevó a un descubrimiento al avanzar sólo 4 metros más, unos escalones que bajaban unos 25 metros, donde encontró inscripciones que demostraban que la construcción del túnel obedecía a algún motivo y algunos objetos que se pudieron relacionar con el faraón. Continuaron excavando y apareció un nuevo tramo de escaleras que condujo al final del túnel que acaba abruptamente sin salida tras casi 200 metros, se encontraron algunas inscripciones más y otros objetos, pero nada más.

Una de las paredes de la tumba en la actualidad

La tumba no estaba terminada, todo apunta a que la muerte de Seti I supuso el final de las obras y fue enterrado en la cámara superior al no acabar su proyecto de una enorme y larga tumba subterránea que fue la obsesión de un puñado de arqueólogos a lo largo de casi 200 años. Pero a pesar de todo, la tumba es una de las más grande y bonitas de las que se conservan hasta hoy en día.

*Mucha de la información fue sacada del libro Arqueología, Tesoros y Tumbas de Francisco García del Junco, una muy recomendaba lectura.

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