El General Gordon, el héroe del imperialismo británico

Durante la expansión británica en la época victoriana, Gordon destacó como haciéndose tremendamente popular. Pero su suerte acabaría en Sudán.

Charles George Gordon nació en 1833, hijo de militar, siguió sus pasos y se licenció en el Cuerpo de Ingenieros Reales. En 1854 ya era teniente.

Durante la Guerra de Crimea fue enviado a Sebastopol. Ahí participó en el Sitio de Sebastopol y en el posterior asalto a la fortaleza en 1855. Destacó en otras tareas y fue condecorado. Para 1859 ya era capitán.

Gordon empezó a destacar por su carácter especial. No era un soldado al uso, muy carismático, pero también valientemente imprudente y con facilidad para saltarse las órdenes. Pero a la vez era profundamente cristiano y místico. Decía recibir órdenes en sueños del profeta Isaías.

El episodio que lo haría famoso ocurrió en China en 1860.

Retrato de Gordon por Julia Abercromby

La situación no era fácil. El país estaba sumido en la inestabilidad tras la Segunda Guerra del opio donde estuvo implicada Gran Bretaña. Y sobre todo por la Rebelión Taiping, una guerra civil social y religiosa, que tenía al gobierno chino contra las cuerdas.

Una vez allí se dedicó a reorganizar al ejército para hacerlo más efectivo.

A la cabeza de su propio ejército, un reducido grupo de campesinos y aventureros europeos, llamado “el ejército siempre victorioso”, consiguió sonadas victorias que ayudaron al gobierno chino, que sin la ayuda extranjera hubiera perdido irremediablemente.

Gordon se hizo muy famoso y se le empezó a llamar Gordon “el chino”, incluso el emperador le ofreció un puesto fijo muy remunerado, pero él lo rechazó.

Para 1864 había vuelto a casa y había ascendido a Teniente coronel. Gordon era uno de los personajes más famosos de su época.

Durante los siguientes años continuó su carrera militar en Egipto, Sudan y la India. En 1884 ya era General de división y su popularidad no había hecho más que aumentar.

Ese mismo año estalló una revolución en Sudán. Muhammad Ahmad era un predicador islámico, que decía ser El Mahdi, el nuevo mesías musulmán, que inició una guerra religiosa contra el gobierno sudanés.

Los británicos tenían miedo que esta yihad llegase a Egipto. El gobierno decidió enviar a alguien a Jartum, la capital sudanesa, para que informase que era lo que realmente estaba pasando. Y el elegido, pese a las reticencias de algunos, fue Gordon.

Las órdenes de Gordon eran claras, ver si se podía derrotar a El Mahdi, y en caso de no ser posible, buscar la forma de sacar a los comerciantes europeos de ahí.

Dibujo de Gordon en Jartum

Pero Gordon decidió hacer otra cosa. Sudán vivía de la esclavitud, y en general, la gente vivía en la más mísera pobreza. Gordon no podía permitir eso, así que se hizo con el control de Jartum y empezó a buscar la forma de arreglar los problemas del país.

Primero intentó pactar con El Mahdi, pero la radicalidad religiosa de los dos hacía esto imposible.

Gordon reforzó las defensas del Jartum y se preparó para luchar.

El 18 de marzo llegó El Mahdi con sus hombres y rodearon la ciudad. Gordon pidió ayuda a Gran Bretaña, indicando su desesperada situación. Pero el gobierno no estaba dispuesto a empezar una guerra en Sudán por culpa de un soldado indisciplinado que hacía lo que le daba la gana.

Tras ocho meses, con la opinión pública en contra, el gobierno británico cedió y decidió mandar tropas para rescatar a Gordon. Al fin y al cabo, ellos lo habían mandado.

Pero mientras las tropas británicas llegaban, las defensas de Jartum se rompieron. El 25 de enero de 1885, El Mahdi asaltó la ciudad.

Gordon luchó hasta el final muriendo en el asalto. El Mahdi mandó decapitarlo y mostrar su cabeza.

La muerte de Gordon imaginada por George William Joy

Sólo dos días después llegaron las tropas británicas. Con nada que hacer, las tropas se retiraron.

La muerte de Gordon lo convirtió en un mártir del imperialismo británico. Pasando a la historia como Gordon de Jartum.

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