El fin de la Biblioteca de Alejandría

La Biblioteca de Alejandría fue durante cientos de años el lugar predilecto para el saber. En ella se acumularon miles y miles de papiros con prácticamente toda la información existente sobre la cultura occidental, pero la mayoría de ellos se perdieron trágicamente.

La Gran Biblioteca de Alejandría fue fundada a principios del siglo III a.c. por los dos primeros Ptolomeos.  Además de acoger todos los escritos posibles estaba consagrada a todos los tipos de saber donde trabajan numerosos filósofos y artistas. Llegó a albergar de 500 mil a 700 mil volúmenes en su mejor momento.

Al llegar a Alejandría los funcionarios reales revisaban todas las mercancías y si encontraban un libro o un documento que valiese la pena conservar se enviaba a la Biblioteca, donde lo copiaban y entregaban la copia a su dueño, quedándose con el original para su conservación.

 Ptolomeo I Soter

 

El primer gran incidente que casi podría haber acabado con la Biblioteca tuvo lugar por la abrupta llegada de Julio César a Alejandría y su posterior implicación en la guerra civil por el trono egipcio del lado de Cleopatra. En un momento del combate entre las fuerzas de Julio César y sus enemigos, los legionarios incendiaron unos barcos, que terminaron afectando al puerto y a una parte de la ciudad. Se estima que se podrían haber perdido unos 40 mil rollos de papiro, pero no se cree que afectara a la propia Biblioteca, sino a uno de sus almacenes.

De este incidente la Biblioteca salió reforzada un tiempo después al entregar 200 mil libros Marco Antonio procedentes de la Biblioteca de Pérgamo.

Representación del incendio de Alejandría

Durante gran parte del Imperio Romano la Biblioteca siguió no sólo existiendo, sino que creciendo, convirtiéndose en el gran foco cultural del mundo Mediterráneo a donde iban a estudiar muchísimo alumnos pero esto no la libró de sufrir cuando la desgracia se abatió sobre la ciudad de Alejandría, al paso de los años la ciudad fue conquistada y saqueada muchas veces, tanto por romanos en distintas guerras civiles como extranjeros, como la Reina Zenobia, además de numerosos desastres naturales, como los terremotos que afectaron a la zona.

En algún momento a finales del siglo III o quizás a comienzos del siglo IV d.c. la Biblioteca sufrió una destrucción parcial o totalmente por alguno de estos acontecimientos. O puede que con la reconquista del emperador Aureliano o en la guerra civil entre Diocecliano y Domiciano que arrasó la ciudad. Quizás fueron múltiples factores, incluida la construcción de Constantinopla, la nueva y flamante capital imperial, que pudo suponer el trasvase de miles de libros hacía allí.

A pesar de todo, la Biblioteca, o al menos su espíritu, siguió existiendo en la Biblioteca hija del Serapeo, cuando un nuevo y mortal enemigo apareció, el Cristianismo.

El Serapeo o Templo de Serapis, dios de la sabiduría, se construyó al mismo tiempo que la Biblioteca y siempre estuvieron vinculadas, es posible que los almacenes del Serapeo se usaran desde el principio para albergar parte de la colección de la Biblioteca.

El edificio era impresionante, para muchos autores clásicos era el templo más bello de todo el mundo mediterráneo, que se alzaba sobre una colina, con un centenar de escalones para llegar a él, era uno de los primeros edificios que se veían cuando se llegaba a Alejandría por mar.

Para el año 392 d.c. la cultura se encontraba en horas bajas, la Biblioteca era un pálido recuerdo, pero el precioso templo del Serapeo seguía en pie, con miles de papiros en su interior, el último vestigio del anterior esplendor.

Pero algo había cambiado, hasta hacía relativamente poco este era un lugar de culto, pero la nueva religión, que Constantino legalizó en el 313, había crecido desmesuradamente y acumulaba mucho poder. Por todo el este del Imperio aparecieron miles de monjes y aspirantes a santos, auténticos fundamentalistas que aullaban contra todo lo que no fuera su religión, dispuestos a destruir a “los demonios” que se encontraban en las antiguas estatuas y templos.

Las ruinas del Serapeo

De ellos se sirvió Teófilo, el nuevo obispo de Alejandría, que encabezó la destrucción del Serapeo, demasiado bonito y pagano para él. Una furibunda turba subió hasta el templo y empezó su destrucción, no dejaron nada, todo se destruyó, la mayoría de los libros fueron apilados y quemados en una gran hoguera, todo aquel saber no era necesario ya, sólo la Biblia decía la verdad… Y entre humo desapareció la mayor colección cultural de la historia, habría que esperar siglos para que alguna biblioteca llegar a acercarse al esplendor de la de Alejandría.

 

BIBLIOGRAFÍA: parte de la información para este artículo se sacó de La Edad de la Penumbra, de Catherine Nixey.

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