El Coliseo de Roma

El Coliseo, o Anfiteatro Flavio, es uno de los monumentos más representativos de Roma. Lleva casi 2000 años en pie y ha pasado por muchos estados. Repasemos su historia.

En el año 64 d.c. un gran incendio asoló Roma. Nerón aprovechó el espacio quemado para crear la Domus Aurea, un enormísimo complejo palaciego de 50 hectáreas, con un lago artificial en el centro, el Stagnum Neronis.

Nerón apenas vivió unos años ahí cuando fue derrocado y se suicidó. Tras un año complicado, el nuevo emperador, Vespasiano, decidió crear algo distinto, no para su disfrute personal, sino para el pueblo.

Se decidió construir un anfiteatro en los jardines de la Domus Aurea, justo en el lugar donde Nerón puso el lago artificial con la enorme estatua del Coloso de Nerón, hecha de bronce y de 35 metros de altura y desaparecido en el siglo VII, que le daría nombre a la nueva edificación.

Busto de Vespasiano, Museo Arqueológico (Nápoles), Colección Farnese

El anfiteatro se levantó gracias al tesoro conseguido en la Primera Guerra Judeo-Romana. El lago fue desecado y sobre él se empezó a edificar.

En el año 80, ya con el heredero de Vespasiano, Tito, en el poder, se inauguró el Anfiteatro Flavio con unos fastuosos juegos que duraron 100 días. Durante ese tiempo, y posteriormente, hubo luchas de gladiadores, peleas de animales salvajes, carreras e incluso naumaquias, representaciones de batallas navales, ya que el Coliseo se podía inundar y secar a voluntad.

Pollice Verso (Pulgar hacia abajo) de Jean-Léon Gérôme, 1872

En su esplendor el Anfiteatro era un enorme edificio. Casi 50 metros de altura en el anillo exterior, 189 metros de altura por 156 de ancho, la arena central mide 87 por 25 metros, se usaron más de cien mil metros cúbicos de mármol travertino y 300 toneladas de hierro para las grapas que conectabas los bloques entre sí.

Todo el edificio estaba profusamente decorado, en las arcadas superiores estaban llenas de estatuas y columnas.

Además, la ingeniería interior conseguía no solo poder realizar las naumaquias, sino también, con un intricado sistema de poleas, subir y bajar desde los subterráneos a la arena a las fieras y gladiadores.

El Coliseo podía albergar a 70000 espectadores, protegidos del sol y la lluvia por el velarium, una enorme carpa móvil que operaban marineros de la flota imperial especialmente entrenados.

El interior en la actualidad, se puede observar toda la zona de los subterráneos.

Durante todo el esplendor del Imperio Romano, el Coliseo albergó cientos de combates y otras actividades que hicieron el deleite de la población romana.

Después de muchísimos años de uso, en el 217 fue dañado por un rayo, en un imperio ya muy renqueante, las obras de reconstrucción no se acabaron hasta el 240. Hubo nuevas reparaciones en los años siguientes.

La última pelea de gladiadores fue en el año 435. Un terremoto volvió a dañarlo en el 443.

La caída del Imperio romano de occidente fue prácticamente su final. En el año 523, bajo el reinado del rey godo Teodorico el Grande, se organizó el último espectáculo, una caza de animales salvajes.

En la Edad Media, ya sin un uso concreto, el edificio, ya en franca decadencia, fue usado como cementerio, incluso tuvo una capilla. Las espaciosas arcadas fueron convertidas en viviendas, tiendas y talleres. El Coliseo se convirtió en una pequeña aldea en una deslustrada Roma en ruinas que había perdido al 90% de sus habitantes.

Hacia el año 1200, una familia noble romana, los Frangipani, se hicieron con el Coliseo y lo convirtieron en un castillo fortificado.

Pero en el año 1349 un terremoto lo dañó gravemente, el lado sur exterior cayó, herida que aún hoy en día se puede observar. El Anfiteatro pasó a ser una cantera de piedra para la construcción de numerosos edificios por toda Roma, incluso se le arrancaron las grapas de hierro, dejando toda la superficie exterior llena de agujeros que hoy siguen existiendo.

El Coliseo sobre el año 1745, cuadro atribuido a Canaletto

Durante los siglos XVI y XVII los papas se interesaron por darle nuevos usos al edificio, pero no se concretó nada. No sería hasta 1749, cuando el papa Benedicto XIV consagró el edificio y ordenó su conservación al entender qué en él habían muerto mártires cristianos durante la época imperial.

A partir de entonces se llevaron a cabo numerosas obras de conservación y mantenimiento. Durante los siglos XIX y XX se arreglaron muchos problemas, dejándolo en el estado en el que se encuentra actualmente.

A día de hoy, el Coliseo es uno de los monumentos más importantes y característicos de Roma, visitado por millones de turistas cada año.

 

 

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Pin It on Pinterest

Scroll Up