El Circo, el mayor espectáculo romano

Si había algo que despertaba verdadera devoción en los romanos eran las carreras de carros en el circo hasta el punto de que los aurigas eran tan famosos como los grandes deportistas actuales.

El circo romano era una copia del hipódromo griego, también muy aficionados a este tipo de carreras, pero mucho más alargado.

Su forma era oval, rodeado por las gradas de piedra donde se sentaban los espectadores, con la arena dividida por el medio por la espina, un pequeño muro lleno de estatuas, pequeños templos y delfines en honor a Neptuno (el patrón de los caballos), que se bajaban para contar las vueltas, además de un obelisco en el medio y el pilar que marcaba la meta. Allí se situaba también el encargado de contar las vueltas en la carrera.

Mosaico que muestra al auriga victorioso con la palma del vencedor. https://commons.wikimedia.org/

Los romanos heredaron el gusto por este deporte por partida doble, tanto por parte de los etruscos, influenciados a su vez por los griegos, y los propios griegos más tarde.

Es más, sale hasta en sus leyendas. En el Rapto de las Sabinas, Rómulo organiza una carrera para que sus hombres rapten a las mujeres de los sabinos mientras estos ven el espectáculo.

Los carros comenzaban todos en uno de los lados, que tenía unos huecos, los carceres, que era de donde salían, las puertas se abrían todas a la vez y la carrera empezaba.

Normalmente una carrera solía durar unas siete vueltas. Así que a veces había más de una al día.

Las entradas eran gratuitas, salvo los asientos con sombra, que pagaban los ricos y poderosos, y era uno de los entretenimientos más celebrados entre el pueblo romano.

Los carros estaban divididos en facciones, algo parecido a lo que sería hoy los equipos, que competían entre ellas, llegando a generar bastante competitividad y fanatismo entre sus seguidores. Como en la actualidad, se heredaba la facción a la que pertenecían sus progenitores.

Recreación moderna de una carrera de carros de la Antigua Roma en el parque temático Le Puy du Fou, en el departamento de Vandea (Francia). https://commons.wikimedia.org/

Al principio existían dos facciones, la Blanca y la Roja, en época imperial se aumentó a cuatro, añadiendo las facciones Verde y Azul, que se convirtieron en las más importantes.

En carrera todo valía, hasta cerrar a un rival para hacer que se estrellase. Sobre todo había muchos choces en la vuelta de la meta, donde los aurigas buscaban cerrarse lo máximo posible para ganar tiempo y velocidad y cerrar a sus rivales. Los accidentes y las muertes eran bastante comunes.

Las riendas las llevaban atadas a la cintura, y en caso de accidente tenían un cuchillo para cortarlas, pero normalmente era muy difícil hacerlo a tiempo y muchos morían mientras eran arrastrados por sus caballos o atropellados por otros carros.

Los aurigas, los conductores de los carros, eran esclavos (como los gladiadores), pero podían llegar a hacerse muy famosos y ganar mucho dinero y comprar su libertad si no morían en el intento. Los más famosos eran auténticas estrellas del deporte que todo el mundo conocía.

Posiblemente el auriga más famoso de la historia de Roma sea Flavio Scorpus, un esclavo hispano que se convirtió en uno de los deportistas más victoriosos de la historia, ya que se le atribuyen 2048 victorias en las carreras corriendo para la facción Verde. Scorpus ganó tantísimo dinero que tenía más que sus propios amos, al final compró su libertad, pero siguió compitiendo hasta morir, presumiblemente, en una carrera en el 95 d.c con sólo 27 años.

Sin duda, el principal circo de carreras romano fue el Circo Máximo de Roma, el primero de estos circos, construido durante la Monarquía romana y mantuvo su importancia durante el Imperio.

El Circo Máximo en la actualidad, el edificio que se ve es el antiguo palacio imperial sobre el Palatino.

Augusto trajo expresamente un obelisco egipcio, el Obelisco Flaminio, para colocarlo en la espina del circo. Años más tarde, Constancio II trajo un segundo obelisco, el Obelisco de Letrán, para colocarlo también en el circo. Los dos están actualmente en las plazas de Roma y forman parte de los Trece Obeliscos que hay por toda la ciudad.

Por todo el Imperio fueron apareciendo otros circos, como el Estadio de Domiciano, en la misma Roma y hoy la famosa Plaza Navona, que conserva su forma o el Circo Majenciano, a las afueras de la ciudad y uno de los mejor conservados. Y otros en las provincias, como el Circo romano de Mérida o el de Cesarea Marítima.

Con la caída del Imperio Romano de Occidente se acaba la práctica de este deporte, incluso el Circo Máximo es abandonado.

Pero la tradición continuó en Constantinopla en el Hipódromo de la ciudad, construido por Septimio Severo en el 203 y renovado posteriormente por Constantino.

Las carreras continuaron allí, generando gran interés y una enorme rivalidad entre las dos escuadras, los Verdes y los Azules, hasta incluso acabar en los Disturbios de Niká del 532, donde se juntaron a la vez un conflicto político, religioso y hasta deportivo; los seguidores de los Verdes eran comerciantes monofisistas y los de los Azules terratenientes cristianos. El estallido de violencia casi hacer caer al emperador Justiniano. El conflicto acabó con una enorme masacre de más de treinta mil personas en toda la ciudad.

Y las carreras duraron hasta la Cuarta Cruzada, cuando el Hipódromo fue destruido en el saqueo de la ciudad y ya no fue reconstruido en una Constantinopla en decadencia.

 

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