Cuando nadie hacía el Camino de Santiago

A día de hoy el peregrinaje a Santiago de Compostela, por cualquiera de sus rutas, está muy de moda. Ya no es sólo algo religioso, sino que se ha convertido en un fenómeno masivo que atrae a multitudes. Pero no fue siempre así, en los siglos XVI y XVII estuvo a punto de desaparecer porque nadie quería aventurarse a peregrinar.

Desde sus inicios en el siglo IX con el descubrimiento de la tumba de Santiago y el patrocinio de Alfonso II de Asturias, hasta su posterior consolidación con el paso de los siglos, el culto a Santiago estuvo en pleno apogeo hasta el siglo XVI, cuando una serie de factores culturales y religiosos casi acaban con la peregrinación.

Poco a poco, el Camino empezó a convertirse en algo que ya no era tan seguro, y, además, la calidad de los peregrinos descendió significativamente. Ya no era como en tiempos pasados, cuando reyes y grandes caballeros lo recorrían, ahora estaba lleno de gente pobre, vagabundos que no tenían otra cosa que hacer y hombres que huían de los reclutamientos forzosos, además de reos obligados a hacer el camino para conmutar las penas.

El Camino de Santiago actual. https://commons.wikimedia.org/

Se llegó a legislar durante el siglo XVI para intentar controlar este tipo de peregrinaje, pero dio pocos resultados.

El problema llegó a tanto que el propio ayuntamiento de Santiago tuvo que poner orden y prohibió que los mendigos que llegaban peregrinando se quedasen en la ciudad. Ya no era aquella urbe que acogía gozosa  a sus fervientes peregrinos.

A sumar era el hecho de que el colegio cardenalicio compostelano dejaba también bastante que desear. La mayoría de cardenales eran ricos nobles que se pasaban el tiempo como consejeros en la corte real y se preocupaban poco por la catedral, que empezó a deteriorarse, no como en tiempos pasados.

Además había otro hecho que hacía que la gente odiase a los cardenales de Santiago, y por ende a la ciudad y al propio camino, el Voto de Santiago.

Gaspar Ávalos de la Cueva, arzobispo de Santiago de Compostela de 1542 a 1545. https://commons.wikimedia.org/

El Voto de Santiago era, según los nuncios compostelanos, un antiguo privilegio otorgado hacía siglos que consistía en un diezmo que todos los campesinos desde Galicia a La Rioja tenían que pagar para sustentar al arzobispado de Santiago.

En realidad era una mentira, nunca había existido tal Voto y se empezó a cobrar en la época de los Reyes Católicos tras llegar a algunos pactos para que los cardenales de Santiago los apoyase. Este hecho provocó numerosos litigios entre muchos pueblos y Santiago por todo el territorio para librarse de pagar.

Otro de los grandes problemas era ya de por sí un problema de la propia Iglesia, el cisma protestante.

Esta nueva forma de entender la religiosidad, más íntima y personal, chocaba de frente con la propia concepción del Camino.

Los grandes líderes protestantes abogaban por que la gente se quedase en casa y siguiera con su vida y su trabajo, en vez de irse durante meses de peregrinación.

Peregrinos sobre 1568, de Jakobs Brueder. https://commons.wikimedia.org/

Por otro lado Europa entró en una serie de conflictos que bajaron aún más el posible número de potenciales peregrinos, como las Guerras de Religión en Francia.

Por si todo esto no fuera suficiente, sería el Papado y la monarquía española quienes casi le dan la puntilla decisiva a la concepción del culto a Santiago el Mayor en Compostela.

Tras el Cisma protestante, la Iglesia intentaría cambiar muchas leyes hasta ahora fundamentales de la religiosidad católica.

Una de ellas fue el de restarle protagonismo a los Santos, hasta ahora los depositarios de la devoción del pueblo, para cambiarlo por una devoción más directa, sin intermediarios, a Dios o a la Virgen María.

Por otro lado, la monarquía no veía con muy buenos ojos el poder del culto a Santiago, demasiado lejos de la capital y de El Escorial, la otra que Felipe II quería convertir en  el punto religioso central del catolicismo en España.

Felipe II estuvo a punto, incluso, de llevarse las reliquias del Apóstol a El Escorial, algo que hubiese destruido el peregrinaje.

Urna con los restos de Santiago el Mayor en la Catedral. https://commons.wikimedia.org/

Años más tarde, Felipe III rompió su promesa de ir a Santiago de Compostela, dejando aún más tocado el culto.

Otro de los caballos de batalla contra el colegio cardenalicio de Santiago fueron las reliquias, tras luchar para evitar que Felipe II se las llevase, surgió otro gran problema, su autenticidad. Desde hacía tiempo, muchos estudiosos dudaban de que las reliquias fuesen auténticas y desde Santiago se guardaban celosamente y pocas veces se dejaban examinar.

En los litigios por el Voto de Santiago se llegó a pedir comprobar las reliquias, ya que si estas eran falsas el Voto no tendría validez, pero la iglesia compostelana se negó rotundamente.

El problema se resolvería de una forma bastante oscura. Con los ataques de Francis Drake por toda la costa gallega, se encontró un motivo para ocultar las reliquias. Aduciendo que este podría atacar Santiago y llevarse las reliquias, cosa claramente imposible dada la distancia que hay hasta la costa, se sacaron de la Catedral las reliquias y muchos documentos que podrían resultar molestos y fueron escondidos.

“Desgraciadamente” las reliquias y documentos se escondieron tan bien que se perdió su localización, hasta ser redescubiertas en otro momento de crisis, en 1879.

Y el Camino languidecería, herido pero no muerto, hasta la segunda mitad del siglo XVII, cuando se iría recuperando poco a poco y los peregrinos devotos volverían a Santiago de Compostela  para presentarse ante el Apostol.

 

 

Muchas de la información sale de esta conferencia de las Fundación Juan March sobre el Camino de Santiago

 

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