Cincinato, el buen dictador

Cuando la joven República Romana se encontraba en peligro, el Senado decidió poner todo el poder en manos de un hombre, que demostró ser un dechado de virtud e integridad.

Lucio Quincio Cincinato fue un patricio romano nacido en el año 519 a.c.

Él formó parte de la primera generación de romanos que vivió en la recién fundada República Romana (509 a.c.). Era un rico patricio romano muy contrario a los cambios o a que se modificase mínimamente la tradición.

Hacia el año 460 a.c. los plebeyos romanos, apoyándose en los tribunos de la plebe, intentaron que las leyes se pusieran por escrito para evitar que los siguieran tratando como inferiores. Cincinato estaba completamente en contra de esto.

Estatua de Cincinato en el jardín Schönbrunn, en Viena

Pero su hijo se metió en problemas al pelearse en los disturbios que se produjeron, siendo expulsado de la ciudad. Cincinato, que había sido elegido cónsul suffectus por la muerte del anterior en combate, decidió protestar dejando la política y se retiró a su villa.

Durante los siguientes dos años, Cincinato se dedicó a cultivar su tierra y vivir frugalmente. Pero los romanos estaban en guerra con dos de sus pueblos vecinos, los ecuos y los volscos.

La situación se volvió alarmante para Roma cuando uno de los cónsules, con todo su ejército, quedó cercado por sus enemigos, a punto de la aniquilación total.

El Senado, desesperado, se acordó de Cincinato, y lo votaron para ser dictator, un cargo especial y temporal, por seis meses, para grandes emergencias, donde se concentraba todo el poder en manos de una única persona.

Cincinato recibiendo la noticia de que es dictador, por Alexandre Cabanel

La leyenda cuenta que cuando los senadores fueron al encuentro de Cincinato este se encontraba arando su campo. Cincinato era orgulloso, pero sobre todo era un patriota, así que lo dejó todo y se puso manos a la obra.

Se reclutó un nuevo ejército y se puso en camino. Encontró a los ejércitos enemigos, los atacó y derrotó, salvó a sus compañeros y volvió a Roma. Una vez llegó a la ciudad, disolvió el ejército, renunció a sus poderes extraordinarios y volvió a su casa. Al parecer habían pasado solamente unas dos semanas.

Cincinato siguió con su vida como si tal cosa. Pero en el año 439 a.c. sus servicios fueron de nuevo requeridos. Era ya un anciano de ochenta años.

Ese año fue malísimo para las cosechas y en Roma se sufría un hambre atroz. Un hombre, Espurio Melio, que era inmensamente rico, decidió sacar tajada.

Espurio Melio se dedicó a comprar todo el trigo que pudo y a repartirlo entre la gente más pobre. Su popularidad aumentó muchísimo rápidamente hasta que empezó a ser peligroso para la República.

Empezaron a aparecer rumores de que Melio buscaba un premio mayor, ser nombrado cónsul o incluso rey, aupándose en la devoción de los pobres y hambrientos.

El Senado, asustado, volvió a nombrar dictator a Cincinato.

Estatua de Cincinato en cierta ciudad que lleva su nombre

Cincinato ideó un plan, acuarteló tropas alrededor de todo el Capitolio y pidió a su magister equitum (su lugarteniente en la dictadura) Cayo Servilio Ahala, que fuera a por Melio y le dijera que se tenía que presentar ante él.

Al parecer el plan era detenerlo sin armar escándalo, pero Melio se revolvió e intentó escapar. Hubo una pelea y Ahala y sus hombres mataron a Melio.

Aunque ese no era el plan, Cincinato quedó contento con el resultado. Renunció otra vez a la dictadura tras 21 días y volvió a su hogar. Moriría ese mismo año.

Aunque se cree que la mayor parte de la historia de Cincinato es leyenda, su importancia es capital. Su patriotismo, rectitud, honradez y falta de ambición fueron un espejo en el que se miraron muchos senadores conservadores romanos, como Catón el Viejo entre otros.

Pero no solo Cincinato influyó a romanos. Muchísimos años después, en la recién formados EEUU, el general George Washington renunció primero a su poder militar y a los intentos de nombrarlo rey o de concentrar el poder en su persona y unos años después, renunció a la presidencia tras dos mandatos, cuando su popularidad seguía intacta. Por eso fue llamado el Cincinato moderno, e incluso se fundó una nueva ciudad a la que se le dio su nombre para conmemorarlo, no es otra que la actual Cincinnati, en Ohio.

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