Chindasvinto, el viejo rey

Durante el largo reinado de los visigodos en la península destacan muchos reyes, uno de ellos es Chindasvinto, que accedió al trono de viejo, pero su inusitada energía y carácter pudieron más que su edad a la hora de poner a sus súbditos en orden.

En el año 642, Chindasvinto era ya un anciano de 79 años, que debía ejercer algún cargo de gobernador o líder militar en la frontera con los vascones cuando, al ver la debilidad del rey Tulga, decidió montar una insurrección contra él apoyándose en otros nobles y en los habitantes locales que lo proclamaron rey. Lo que pasó después difiere según la fuente, pero al final Chindasvinto triunfó y del rey Tulga nunca más se supo.

El nuevo viejo rey no era precisamente tonto y tenía muy claro que en cualquier momento podría venir otro noble a intentar reponerlo, sus años de experiencia le habían demostrado que las promesas de fidelidad de los nobles poco valían, por lo que tomó medidas bastante drásticas. Nada más subir al trono hizo ejecutar a unos 700 nobles de distintos rangos para asegurarse de que nadie tuviera ideas raras, sobre todo eliminó a nobles que ya habían participado en conjuras anteriores. Muchos otros huyeron a toda prisa o fueron desterrados.

El rey Chindasvinto, pintura de El Prado

Con el puesto seguro y un montón de dinero al quedarse con las propiedades de los ejecutados empezó a sanear las arcas públicas que se encontraban fatal, no hay mal que por bien no venga…

Chindasvinto convocó el VII Concilio de Toledo, donde se promulgaron leyes para excomulgar a cualquiera que fuese acusado de traición contra el rey, volviendo a cubrirse las espaldas, que ya lo había hecho él no hacía falta que nadie más tuviera ganas de derrocarlo. Los supuestos de traición y sus penas fueron aumentados y se prohibieron muchas triquiñuelas legales para evitar la confiscación de tierras. Una de las medidas más crueles fue la de la gracia real a los traidores, si Chindasvinto le perdonaba la vida a un noble traidor, este era inmediatamente cegado, nadie, por poco que hiciera, se iba a ir de rositas…  El Concilio no fue muy seguido dado que muchos obispos no estaban nada de acuerdo con las políticas de Chindasvinto, pero a este le dio bastante igual.

Miniaturas del Codex Vigilanus donde aparecen
Chindasvinto, Recesvinto y Égica

Una vez que estuvo todo pacificado, y saltándose la ley visigoda de elección, nombró en el 648 a su hijo Rencesvinto coregente para vincularlo al trono y a la sucesión. A los nobles en general no les pareció nada bien, pero claro, había que ser muy valiente y un poco suicida para quejarse.

Pese a todo esto se preocupó por la cultura y fue un gran administrador y benefició mucho a la iglesia a pesar de la velada oposición de muchos obispos. También mejoró al ejército y luchó con vascones y lusitanos.

Y además de todo esto fue un gran legislador. Empezó un nuevo código legislativo para unificar el caótico grupo de leyes existentes hasta ahora, que entre otras cosas, distinguían entre visigodos e hispanos. Como fue terminado en época de su hijo, se le conoce como Código de Rencesvinto o Liber Iudiciorum, que sería usado durante siglos, siendo la base del Fuero Juzgo, base a su vez del derecho foral que llegó hasta el siglo XIX, de Fernando III en 1241.

Portada del Liber Iudiciorum en la edición de 1600

Los últimos años de Rencesvinto están marcados por algunas revueltas tanto nobiliarias como clericales por la represión y las confiscaciones y la injerencia en los asuntos de la iglesia, pero no debieron afectar demasiado a la estabilidad de los reyes.

Notándose por fin mayor, dejó las riendas del reino a su hijo y se pasó sus últimos años ocupado en actos de beneficencia y caridad y fundó el monasterio de San Román de Hornija, en Valladolid. Chindasvinto murió en el 653 a los 90 años siendo enterrado en el monasterio que acababa de fundar. Poco tardaron sus enemigos políticos, sobre todo la iglesia, en ponerlo a parir mostrándolo como un mal rey lleno de defectos y pecados.

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