Catalina de Médici, la soberana de Francia (III): Enrique III y Enrique IV

Catalina de nuevo tuvo que ver morir a otro de sus hijos, Carlos IX, mientras el país se despedazaba en medio de una guerra religiosa que ella no era capaz de parar, ahora su tercer hijo varón le tocaba gobernar, era el turno de Enrique III.

Tras su huída de Polonia y coronado como Enrique III, y a pesar de ser mayor de edad, la posición de su madre Catalina apenas varió, al nuevo rey tampoco le gustaba mucho gobernar y prefería gastar su tiempo en otras cosas, bien rezando muy intensamente o bien pasándolo bien con sus amigotes, a los que el pueblo francés acusaba de afeminados y advenedizos.

Enrique III se casó con Luisa de Lorena en 1575, en contra de los intereses de su madre, que prefería un enlace con una princesa extranjera. El matrimonio no fue capaz de concebir hijos.

Enrique III por François Quesnel

Con una constitución débil como la de sus hermanos, nadie contaba con que Enrique tuviera hijos, por lo que todas las esperanzas estaban en manos del más pequeño de los hijos de Catalina, Francisco de Anjou (al nacer se le llamó Hércules, pero se le cambió a Francisco al morir su hermano mayor).

Francisco demostró personalidad propia y se alió con los hugonotes en contra de su hermano y madre, e incluso llegó a vencerles al imponer el Edicto de Beaulie, donde concedía privilegios y libertad de cultos a los protestantes.

Pero Francisco murió repentinamente de tuberculosis en 1584, dejando al trono francés sin herederos varones de la rama Valois.

Catalina intentó infructuosamente conseguir una paz duradera, pero sin muchos resultados.

Catalina en sus últimos años, por François Clouet

Además, para más inri, tuvo que intervenir en los continuos problemas maritales entre Enrique de Navarra y su hija Margarita, que se negaba a vivir con él, los dos llegaron a tener amantes y Catalina tuvo que pelearse con su hija para que volviera con su marido y tuvieran descendencia, la relación entre las dos fue muy distante desde entonces.

Ante el hecho de que el único candidato viable al trono era Enrique de Navarra por estar casado con la hija de Catalina, la Liga Católica, liderada por Enrique, el nuevo Duque de Guisa, estalló en contra del rey.

Enrique III tuvo que luchar contra los católicos, hasta ahora sus aliados, y también contra los hugonotes, esto fue demasiado para el rey, que se retiró a Blois y dejó todo en manos de Catalina.

Incluso París estaba en pie de guerra y apoyaba al Duque de Guisa, el pueblo parisino montó barricadas por toda la ciudad y llegaron a reconocer al tío de Guisa, el cardenal Carlos de Borbón como su nuevo rey, Carlos X. Pero Catalina, a pesar de todo, continuó en la ciudad, nadie tuvo la valentía de tocarle un pelo.

Catalina, enferma por una infección pulmonar, no sabía qué hacer. Pero en 1589 Enrique III volvió a asumir el poder.

El rey primero convocó los Estado Generales y reconoció todas las exigencias de los católicos y la revocación de todos los privilegios de los hugonotes.

Después hizo llamar a Guisa al castillo de Blois para conferencia con él, pero en cuanto el Duque asomó la cabeza por allí, lo hizo matar a cuchilladas, inmediatamente después detuvo a los principales miembros de la familia Guisa, incluido el cardenal Carlos de Borbón y mató a sus cabecillas.

Enrique III ante el cadáver del Duque de Guisa, por Charles Durupt

Una vez solucionado el problema por la fuerza, Enrique III fue a junto su convaleciente madre y le contó lo sucedido.

Catalina, muy enferma, murió poco después de pleuresía a los 69 años. Sólo 8 meses después su hijo, Enrique III moría asesinado a manos de un fraile católico. El trono recayó en Enrique IV, que instauró una nueva dinastía, la de los Borbones.

 

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