Catalina de Médici, la soberana de Francia (II): Carlos IX y las Guerras de Religión

Catalina había sobrevivido a un marido que no la quería y a una regencia que empezó una guerra religiosa, tras la muerte de su hijo mayor, regirá el destino de Francia en nombre de su segundo hijo, Carlos IX.

El nuevo rey, el segundo hijo de Catalina, fue coronado como Carlos IX con solo 9 años.

Con su hijo pegado a sus faldas, Catalina intentó gobernar un país ingobernable en medio de las Guerras de Religión.

Catalina reunió a los principales líderes religiosos de los dos bandos para llegar a un acuerdo e incluso promulgó el Edicto de Saint Germain donde se daba cierta libertad religiosa a los hugonotes.

Carlos IX al poco de acceder al trono, por François Clouet

Todo fue en vano, Guisa provocó una masacre de hugonotes en la ciudad de Vassy y Condé, aliado con los ingleses, formó un ejército que tomó diversas ciudades francesas, pero Guisa reaccionó y en una nueva batalla derrotó a los hugonotes e incluso capturó a Condé.

Este episodio de la guerra acabó cuando asesinaron por la espalda al Duque de Guisa durante el sitio de Orleans. Catalina aprovechó para que las dos partes firmaran la paz y lucharan conjuntamente contra los ingleses que se habían instalado en suelo francés.

Aunque en 1563 Carlos IX fue declarado mayor de edad, poco le importaba el gobierno, por lo que Catalina siguió gobernando como reina de facto.

Carlos IX se casó con Isabel de Austria, hija del emperador Maximiliano II, llegaron a tener una hija, pero murió en la infancia.

Catalina partió en 1564 de gira por toda Francia para buscar alianzas y apoyos, incluso se reunió en Bayona con su hija Isabel, casada con Felipe II, y el Duque de Alba, que le dijeron de parte del rey que recomendaba matar más protestantes y hacer menos la paz.

Francisco, Duque de Guisa

Pero de nuevo todo se torció en 1567, durante una emboscada, los hugonotes intentaron secuestrar al rey, pero fracasaron. Para Catalina fue un punto de inflexión en su relación con ellos, se había acabado el buen rollo, ahora llegaría la represión.

Los hugonotes se fortificaron en La Rochelle, con el apoyo de la reina de Navarra, Juana III. Al final a Catalina, que se había quedado sin dinero para pagar a su ejército, no le quedó más remedio que firmar una nueva paz donde concedió más derechos religiosos a los hugonotes.

Para buscar la estabilidad casó a su hija Margarita con el heredero de Navarra, Enrique, hijo de Juana III.

A pesar de todo, la situación era muy tensa, sobre todo tras el intento de asesinato del líder actual de los hugonotes, el mariscal Gaspar de Coligny. A lo que hay que sumar la negativa del papa Gregorio XIII de aceptar el matrimonio de Margarita y Enrique. Además, en ese momento, París estaba lleno de nobles hugonotes, que tenían de los nervios a los muy católicos parisinos.

Ante las airadas protestas de los hugonotes, la tensión del pueblo, acrecentada por la familia Guisa, que seguían siendo los líderes católicos, y la perspectiva de un ataque a la ciudad por sus fuerzas, parece que el rey Carlos IX, con Catalina siempre a la sombra, ordenó que se acabara con los líderes protestantes que había en la ciudad a excepción de Enrique de Navarra y el Príncipe de Condé.

Enrique de Navarra poco después de contraer matrimonio con Margarita

La Matanza de San Bartolomé, quizás iniciada por el rey o simplemente secundada cuando esta estalló, supuso la muerte de 3000 hugonotes en París, entre ellos el propio Coligny, y de más de 10000 en el resto de Francia.

A Carlos IX, de salud débil, le pasó muchísima factura tanta muerte y destrucción y su salud se deterioró aún más.

Además Catalina descubrió y desarticuló una conspiración para derrocar a su hijo y poner en el trono al menor de ellos, Francisco, más cercano a los hugonotes.

Pero en 1574, Catalina tendría que ver como otro de sus hijos moría, Carlos IX falleció a causa de una pleuresía.

Sólo quedaba un heredero varón, Enrique, que desde hacía un año había aceptado el trono de Polonia-Lituania, que abandonó con prisa en cuanto se enteró de que el francés estaba vacante.

 

*La imagen de portada es Una mañana a las puertas del Louvre de Édouard Debat-Ponsan

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