Catalina de Médici, la soberana de Francia (I): Enrique II y Francisco II

Catalina de Médici fue esposa del rey Enrique II de Francia y madre de los tres siguientes reyes, Francisco II, Carlos IX y Enrique III. Su poder fue enorme, pero se encontró en medio de una guerra religiosa con la que no supo lidiar.

Catalina nació en Florencia en 1519, hija de Lorenzo II de Médici y de la noble francesa Magdalena de la Tour d’Auvergne, condesa de Boulogne.

Sus padres murieron al poco de nacer ella, por lo que la educó su tío, el papa Clemente VII, que le buscó el esposo, el segundo hijo del rey francés, Enrique. La boda se celebró en 1533, cuando sólo contaban con 14 años.

Enrique nunca le hizo mucho caso a Catalina, prefería otras amantes, lo que supuso un duro golpe para Catalina. Además era continuamente presionada para tener a su primer hijo.

En 1536, tras morir su hermano mayor tras un partido de tenis, Enrique se convirtió en el Delfín de Francia, cosa que sólo añadió más presión sobre Catalina. Al final esta consiguió que su marido se comportase y en 1544 nació su primer hijo, Francisco.

Enrique II de Francia

 

Pero la actitud de Enrique no cambió, desde 1539 tenía una amante oficial, Diana de Poitiers, su verdadero amor.

A Enrique lo coronaron en 1547, y a pesar de que trataba a Diana de Poitiers como la reina, accedió a coronar a Catalina, que se veía desplazada del poder continuamente.

A pesar de todo, en los siguientes años la pareja tendría 9 hijos más, de los que 7 llegaron a adultos.

Enrique II disfrutaba sobremanera con las justas y solía participar. En 1559, mientras se encontraba en una, un caballero lo tiró del caballo en un lance, Enrique quiso la revancha, y en la siguiente acometida, el caballero rival, sin querer, todo hay que decirlo, le metió un lanzazo en toda la cara y le clavó astillas en un ojo que le llegaron al cerebro.

Enrique moriría poco después.

Catalina en 1559 tras la muerte de su esposo

Pero la subida al trono de Francisco II con 15 años no supuso que Catalina asumiera el poder. Tras lo que se puede asumir como un golpe de estado el poder lo tomó como regente Francisco I de Lorena, Duque de Guisa, uno de los nobles más importantes del momento. Catalina aceptó la nueva situación y pudo, al menos, vengarse de Diana de Poitiers, a la que despojó de todo lo que el antiguo rey le había dado.

El Duque de Guisa, ferviente católico, empezó una campaña de represión contra los hugonotes, los protestantes calvinistas franceses. Estos se apoyaron en el liderazgo de Luis de Borbón, Príncipe de Condé.

Catalina intentó mantener una difícil postura neutral entre las dos fuerzas, aunque siempre tendió hacia el lado católico.

El hijo mayor de Catalina, Francisco II, pintado por François Clouet

Ante la represión, el Príncipe de Condé intentó derrocar por la fuerza al Duque de Guisa, pero este respondió con crueldad. Los muertos empezaron a crecer en número en los dos bandos.

Catalina pudo aprovechar el nombramiento de un nuevo Canciller de Francia, Michel de L’Hospital, en 1560 para tener un aliado sólido para buscar una solución al creciente problema religioso. Convocó una asamblea de notables, donde se decidió que el culto en privado no podía ser perseguido, a la vez que hizo detener a Condé y lo condenó a muerte.

Pero de pronto Francisco II enfermó por una infección en el oído y empeoró rápidamente. Catalina comprendió que moriría pronto y decidió pactar para mantener el poder, liberó a Condé a cambio de que la dejaran ser la regente del siguiente rey, su segundo hijo, Carlos, un niño pequeño que lloraría en su coronación.

 

 

*La imagen de portada es un cuadro de Johannot Alfred que se encuentra en el museo del Louvre.

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