Carlos I de Inglaterra, el rey decapitado

Carlos I fue un rey débil, que se encontró ante un Parlamento inglés fuerte y fanatizado. Los continuos problemas políticos y religiosos terminaron por enfrentarlo con sus propios parlamentarios. La guerra civil acabó con la derrota y la ejecución del rey inglés.

Carlos Estuardo nació en 1600, segundo hijo de Jacobo VI de Escocia y I de Inglaterra al heredar el trono de su prima, Isabel I, y unir ambos reinos.

Carlos fue un niño débil, enfermizo, poco seguro de sí y tartamudo, siempre estuvo a la sombra de su hermano mayor y príncipe de Gales, Enrique Federico, pero cuando este murió en 1613 se convirtió en el heredero.

Retrato de Carlos como Príncipe de Gales por Daniel Mytens. https://commons.wikimedia.org/

Los años del reinado de su padre estuvieron marcados por un Parlamento cada vez más fuerte y desafiante con el monarca cuándo este no cumplía sus expectativas. Además de un gran crecimiento del sentimiento anticatólico.

Jacobo VI intentó casar a Carlos con María, hermana de Felipe IV, en contra de los deseos de los parlamentarios y los protestantes, pero, y a pesar de que el propio Carlos viajó a España en 1623, no fructificó porque ninguna de las dos naciones quería ceder en el tema de la religión.

Hay que tener en cuenta que Inglaterra en la época no era como la mayoría de las naciones europeas, donde el absolutismo se fue imponiendo. Aquí el parlamentarismo, la necesidad del rey de consultar y pedir a las Cortes, no sólo se mantuvo, sino que se impuso y creció hasta cotas impensables, el principal, y trágico ejemplo es el de Carlos I.

Jacobo VI murió en 1625 y Carlos I de Inglaterra heredó un reino fuerte, pero con un Parlamento con muchísimo poder y con las herramientas para, incluso, acabar con un rey.

Ese mismo año se casó con la princesa francesa Enriqueta María, católica, lo que provocó gran revuelo.

En medio de la Guerra de los Treinta Años y en sus continuos conflictos con España, el Parlamento, al igual que hizo con su padre, se dedicó a cortarle los fondos y a protestar por las políticas de Carlos I. La relación era cada vez peor.

El principal apoyo de Carlos desde su juventud era George Villiers, primer duque de Buckingham. Buckingham era el general y el brazo ejecutor de los designios de Carlos, por tanto, todos los fracasos militares contra España y Francia durante estos años y los problemas con el Parlamento eran asumidos por él, consiguiendo que fuese el blanco principal de todos los enemigos del rey.

Buckingham pintado por Rubens. https://commons.wikimedia.org/

La guerra iba mal y los intentos de Carlos de conseguir más tropas y dinero lo enfrentaban una y otra vez con el Parlamento inglés.

Buckingham fue asesinado el 23 de agosto de 1623. El rey lloró la muerte de su amigo, pero era tan impopular que su desaparición provocó un alivio generalizado y el fin de la guerra con España. Carlos se volcó en su relación con Enriqueta María y la Corte real se hizo mucho más popular, pero los fanáticos parlamentarios ingleses seguían sin fiarse de su rey.

En 1625, ante las necesidades monetarias de la guerra, el Parlamento volvió a hacerle un feo al limitar dos impuestos a un año, cuando desde tiempos de Enrique VIII se concedía de forma vitalicia.

En enero de 1629 volvió a convocar al Parlamento y de nuevo comenzaron los problemas. Los diputados intentaron forzar sus peticiones religiosas y económicas para que fuesen aprobadas. Carlos I entró en cólera e hizo encarcelar a 9 de ellos, ganándose aún más la enemistad del resto de las Cortes.

Viendo que la guerra la tenía en casa firmó la paz con las potencias extranjeras. Tras eso decidió no volver a contar con ellos y gobernó a base de decretos y prerrogativas y antiguas leyes reales los siguientes 11 años, pero cómo sólo el Parlamento podía aumentar los impuestos o crear nuevos, su capacidad se vio muy limitada y consiguió enfadar más al pueblo llano y a los nobles con sus continuos intentos de conseguir dinero de todos lados.

Para complicar más las cosas, el conflicto religioso no hacía más que aumentar. La mayoría de los ricos y poderosos parlamentarios eran protestantes puritanos y odiaban la dura política religiosa de Carlos, más moderado y cercano al catolicismo, que suponía duros castigos para quien no la aceptara.

Durante estos años floreció el arte en la corte inglesa con pintores como Van Dyck o Rubens.

Carlos I pintado por Van Dyck. https://commons.wikimedia.org/

Carlos siguió gobernando con absolutismo, pero en 1638 una revuelta nobiliaria en Escocia lo cambiaría, incapaz de reunir un ejército eficaz y pagarlo, decidió volver a convocar al Parlamento en 1640 para que le ayudase a conseguir financiación.

Pero Carlos se encontró con un parlamento completamente en contra y que se negaba a ayudarlo si antes no atendía sus numerosas críticas tras 11 años. Carlos optó por volver a disolverlo sólo un mes después. Este suceso se conoce como el Parlamento Corto. Pero la entrada de las tropas escocesas en Inglaterra y la derrota del ejército real provocaron que no le quedase más remedio que volver a convocarlo.

Aquí empezó el Parlamento Largo, ya que estaría en funcionamiento hasta 1653. El nuevo parlamento, aún más radical, reformó la administración y le quitó muchísimo poder al monarca, que tuvo que aceptarlo.

Con el conflicto escocés ya casi resuelto, estalló un motín católico en Irlanda, que supuso el asesinato de más de 5000 protestantes, la reacción del Parlamento, con John Pym a la cabeza, fue en contra del rey, queriendo dejarlo fuera del control del ejército y pidiendo quitarle aún más poder. Carlos I reaccionó enviando a sus tropas a arrestar a los líderes parlamentarios en enero de 1642, pero no lo consiguió.

Carlos se retiró de Londres a Oxford y se preparó para un enfrentamiento militar contra el Parlamento cuando este quiso de nuevo controlar el ejército. La respuesta de los parlamentarios fue declarar traidores a los seguidores del rey y prepararse para la lucha.

El ejército real, los cavaliers, contaba con el apoyo de la Iglesia Anglicana y la alta nobleza, además de los católicos y los sectores más conservadores, controlaban, sobre todo, el norte y oeste de la isla. Por su parte, el ejército parlamentario, los round heads (cabezas redondas porque llevaban el pelo corto en contrapartida con los nobles), estaba formado por los puritanos, la burguesía urbana, los trabajadores de las ciudades, sobre todo en Londres, y los campesinos del este y sur.

En principio la ventaja estaba del bando real, pero las batallas poco resolvieron, poco a poco, el bando parlamentario, donde empezó a destacar Oliver Cromwell, empezó a ganar terreno poco a poco.

El bando parlamentario se volvió más y más radical y puritano y a la vez consiguió un ejército más eficaz, capitaneado por Cromwell, el New Model Army, muy fanatizado y combativo.

Em junio de 1645, el ejército parlamentario derrotó al real en la Batalla de Naseby, dejando al bando real al borde de la derrota.

Cromwell en la batalla de Naseby por Charles Landseer .

Poco después, el propio Carlos I fue hecho prisionero. Durante meses las distintas facciones del Parlamento intentaron llegar a la paz con el rey proponiendo sus distintas ideas, pero no hubo forma de llegar a ningún acuerdo. Cromwell fue fundamental para mantener al ejército unido mientras tanto.

Carlos I consiguió escapar en 1648 y se refugió en Escocia, donde llegó a un pacto con los escoceses para que lo protegieran. Empezaron de nuevo los combates, pero el ejército de Cromwell pronto aplastó e los escoceses en la Batalla de Preston y la toma de Edimburgo, volviendo a capturar el rey.

El Parlamento seguía sin ponerse de acuerdo en como seguir a partir de aquí, por lo que el ejército dio un golpe de mando y arrestó a todos los parlamentarios contrarios a las ideas más puritanas. Tras eso se creó un Alto Tribunal para juzgar al rey.

El tribunal, en sólo ocho días, encontró a Carlos I culpable de ser un traidor, un tirano, un asesino y un enemigo público y condenado a ser decapitado.

Carlos en su juicio, por Edward Bower. Se dejó crecer su barba y cabello porque el Parlamento había despedido a su barbero, y se negó a permitir que nadie más se le acercara con una navaja.

A pesar de que de los 153 miembros sólo 59 firmaron la sentencia, el 30 de enero de 1649 Carlos I fue ejecutado, durante todo el proceso se mostró digno y con mucha entereza.

Tras su muerte se proclamó una República, la Commonwealth, liderada por Oliver Cromwell, que duraría hasta 1660, cuando Carlos II, el hijo de Carlos I, fue restituido en el trono inglés.

 

BIBLIOGRAFÍA: La Edad Moderna (siglos XV-XVIII) de Luis Ribot.

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