Bertrand du Guesclin, el mercenario hacedor de reyes

Bertrand du Guesclin fue un mercenario famoso por su papel en la Guerra de los Cien Años y por ser el que le dio el Reino de Castilla a Enrique de Trastámara al ayudarlo a matar a su hermanastro Pedro I.

Bertrand du Guesclin, o Duguesclín en castellano, nació en Bretaña entre 1314 y1320, poco antes del inicio de la Guerra de los Cien Años, hijo de un noble local, creció fuerte e increíblemente feo, pero feo de sustito, y pronto se decidió por el mundo de las armas, donde su constitución y fealdad eran bien acogidas, haciéndose mercenario, una profesión que se hizo muy popular en los tiempos anárquicos de la guerra entre Francia e Inglaterra.

En plena Guerra de Sucesión Bretona entre los Monfort, apoyados por Inglaterra, y los Blois, con el apoyo del rey de Francia. Pronto, apenas un adolescente, se hizo líder de una compañía de mercenarios, Las Compañías Blancas. Junto a su pequeño grupo de hombres empezó a atacar a los ingleses, que en ese momento eran los dueños de casi todo el territorio francés con tácticas de guerra de guerrillas y emboscadas, algo muy novedoso en ese momento, convirtiéndose en toda una molestia para los ingleses en el noroeste francés. Con muy pocos hombres supo mantener en jaque a ejércitos muy superiores. Por todas sus victorias es recompensado por Carlos de Blois, a la postre Señor de Bretaña.

Retrato de Dugesclín en la crónica de Cuvelier

Tras esto su fama es ya tan grande que es llamado por Carlos V de Francia que lo manda a Normandía a luchar contra la ingleses y los navarros, saliendo casi siempre victorioso, salvo en la batalla de Aurai en 1364, donde fue capturado por los ingleses. El rey de Francia pagó una pequeña fortuna, 100000 francos, para rescatarlo. Tras esto, con la reducción de las hostilidades entre ambos bandos, ordenó a Duguesclín a encontrar la manera de librarse de los miles de mercenarios de las Compañías Libres, a las que él mismo pertenecía, que en ese momento estaban repartidos por toda Francia y eran una gran molestia. El estallido de la guerra fratricida en Castilla sería la solución.

En 1367 llegó a Castilla con miles de mercenarios, que se pasearon por la meseta, saquearon un poco y se volvieron a Francia. Pero Duguesclín se quedó junto a sus leales, convirtiéndose en uno de los principales cabecillas de Enrique de Trastámara. Durante una de las batallas, Duguesclín llegó a caer prisionero del Príncipe Negro, que estaba en Castilla apoyando a Pedro I, una vez libre se retira de la lucha por un tiempo.

Estatua de Enrique II en el friso del Real Salón del Alcázar de Segovia

La cosa no parecía muy halagüeña para Enrique de Trastámara, pero en cuanto el Príncipe Negro abandonó a Pedro I tras una discusión por la falta de remuneración y la entrega de los territorios prometidos, las cosas cambiaron y mucho. Duguesclín, viendo la victoria, volvió en 1369 junto a Enrique de Trastámara para ayudar en la Batalla de Montiel, donde derrotaron a Pedro I con facilidad.

Pedro I, encerrado en el Castillo de Montiel, intentó negociar con Duguesclín para atraerlo a su bando, y este lo atrajo a su tienda a base de mentiras, donde le esperaba su hermanastro Enrique, empezando una pelea cuerpo a cuerpo entre los dos. Según parece, Duguesclín ayudó un poquito a Enrique, que no debía ser tan fuerte como Pedro e iba a perder, acabando muerto Pedro I. La frase para la tradición: “Ni quito ni pongo rey, pero ayudo a mi señor”


La muerte del Rey Don Pedro I de Castilla por Arturo Montero y Calvo 

Tras dejar en el trono a Enrique II de Trastámara, que lo recompensó ampliamente, se volvió a Francia. Allí fue nombrado condestable y siguió sus luchas contra los ingleses. Pero la anexión por la fuerza de Bretaña por parte de Francia fue su final. Considerado un traidor por los bretones y quedando marcado como sospechoso por los franceses nadie lo respetaba ni le daba trabajo, perdiendo además muchas de sus posesiones, decidió volver a Castilla, donde sabía que sería mejor tratado. Pero al detenerse en un asedio que le pillaba de camino, contrajo disentería, que lo mataría al poco tiempo, muriendo en 1380. El rey francés lo enterraría en Saint Dennis, honrándolo como un héroe.

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