Alfonso XI de Castilla, el Justiciero.

Alfonso recibió el trono muy pequeño, pero una vez fue adulto se dedicó a engrandecer su reino y a luchar contra los musulmanes hasta conseguir grandes victorias, como en la Batalla del Salado. Pero además destaca por sus amoríos, que provocarían una guerra civil entre sus hijos.

Alfonso nació en 1311, pero sólo un año después moriría su padre, el rey Fernando IV, y pocos meses después, su madre, Constanza de Portugal. Por lo que Alfonso quedó bajo el cuidado de su abuela, María de Molina, que fue regente junto a los infantes don Juan, tío abuelo de Alfonso, y don Pedro, su tío.

Aún siendo él pequeño, en 1319, el reino pasó por malos momentos. Los dos infantes murieron en el conocido como Desastre de la Vega de Granada y María de Molina por enfermedad en 1321 por lo que fueron sustituidos por el infante don Felipe, otro tío del rey, don Juan Manuel, tío segundo, y don Juan de Haro “El tuerto”, hijo de don Juan.

Coronación de Alfonso XI, atribuída a Antonio Carnicero

Tanto los primeros como los segundos tutores se pelearon por el poder, llevando al reino gran inestabilidad, sobre todo a partir de 1321. Prácticamente jamás llegaron a un acuerdo los tres juntos y siempre estallaban nuevos enfrentamientos para acumular más poder.

Aunque el control efectivo del reino lo tenían sus parientes mayores, Alfonso mostró desde muy joven una gran capacidad como gobernante, incluso mediando entre sus tres tutores.

En 1326, por fin, con 15 años, es nombrado mayor de edad para empezar a gobernar en solitario. Una de las primeras cosas que hace es llamar a Juan de Haro “El tuerto”, el más levantisco y problemático de sus tres tutores, a parlamentar con él en la ciudad de Toro, pero allí lo hizo asesinar.

Durante los siguientes años se dedicó a fortalecer tanto el reino como su poder para después poder acometer su verdadero objetivo, continuar la conquista sobre el Reino de Granada. Por su disposición a hacer cumplir la ley a rajatabla, incluso con sus nobles más poderosos, recibió el apodo de “El justiciero”

Pero antes de lanzarse a la conquista tuvo que arreglar muchos problemas internos. Luchó y se reconcilió numerosas veces con don Juan Manuel, al que había nombrado Adelantado Mayor de Andalucía, sobre todo al repudiar a la hija de este, Constanza Manuel, con la que se había casado pero no había consumado el matrimonio.

Se casó con María de Portugal en 1328, con ella tuvo a su heredero, el que sería luego Pedro I. Pero el gran amor de Alfonso sería Leonor de Guzman, que conoció por estos años y con la que llegaría a tener 10 hijos, entre ellos al futuro Enrique II de Castilla.

Alfonso XI por Francisco Cerdá de Villarestan

En lo militar las cosas le fueron bien a Alfonso, en 1330, consiguió derrotar a un ejército conjunto de granadinos y benimerines en la Batalla de Teba, tomando esa población.

En 1333, mientras Alfonso estaba enfrascado en problemas internos  y luchando contra don Juan Manuel, los benimerines, la nueva fuerza musulmana norteafricana que había suplantado a los ya en decadencia almohades, reconquistaron Gibraltar, que llevaba desde 1309 en manos castellanas.

Alfonso, en 1340,  intentó bloquear a los benimerines enviando una flota al Estrecho de Gibraltar, pero esta fue duramente derrotada. Tras esto tuvo que pedir ayuda a su suegro, el rey Alfonso IV de Portugal, al que tuvo que rogarle ya que este estaba enfadado por el poco caso que hacía a su hija.

Con las tropas portuguesas unidas a las suyas contaba con unos veinte mil hombres, por lo que Alfonso decidió marchar por tierra hacia Tarifa, encontrándose con el ejército enemigo en el río Salado, comandado por el rey benimerí Abu Al-Hassan Alí y el rey granadino Yusuf I, formado por unos cuatrocientos mil hombres. Alfonso y su suegro decidieron plantear batalla, Alfonso se enfrentaría con sus tropas contra las del rey benimerí y los portugueses lucharían contra los granadinos.

A pesar de la enorme disparidad de fuerzas, el ataque de la caballería castellana fue devastador, destrozando al ejército musulmán, muriendo miles de ellos. Los portugueses, a pesar de que el ejército de Granada opuso mayor resistencia, también consiguieron derrotar a sus enemigos. La victoria fue total.

Batalla de El Salado por Alfredo Roque Gameiro

Tras la Batalla de El Salado, Alfonso siguió presionando a los granadinos, tomando diversas poblaciones a lo largo del año siguiente.

En 1342, Alfonso puso sitio a Algeciras, ciudad portuaria en manos de los benimerines, y su conexión con sus dominios africanos. Con la ayuda de las flotas genovesa, aragonesa y portuguesa pudo sitiar la ciudad por mar y con tropas castellanas y aragonesas, apoyadas por numerosos cruzados europeos por tierra pudo hacer lo propio por tierra.

El asedio fue durísimo para las dos partes. Los castellanos, que tenían la ciudad rodeada, sufrían muchísimo con las incursiones de los enemigos, y estos pasaban hambre ante la imposibilidad de recibir ayuda.

El Sitio de Algeciras

Durante un año se mantuvo el cerco, con los castellanos cada vez más debilitados, pero recibieron ayuda de otros reinos cristianos, ya que todos entendían la importancia de este asedio. Por su parte, el rey de granada y el rey benimerí prepararon sus tropas para atacar a los castellanos y obligarles a levantar el asedio. Alfonso incluso tuvo que empeñar parte de sus joyas para pagar a los genoveses, que amenazaban con marcharse o incluso pasar al bando enemigo.

En medio del asedio, los castellanos consiguieron por fin rechazar y derrotar a las fuerzas granadinas en la Batalla del río Palomares, que aunque no fue una victoria total, dejó completamente desmoralizados a los enemigos.

Pero el asedio continuó hasta 1344, cuando el rey granadino capitula ante Alfonso XI, entregándole la ciudad, que ya apenas podía aguantar más tiempo.

Aunque hubo paz durante un tiempo, pero Alfonso quería continuar luchando, y en 1350 puso sitio a la ciudad de Gibraltar, pero esta vez la suerte no le sonreiría.

Alfonso enfermó por culpa de la peste que se estaba extendiendo por toda Europa, y murió poco después sin ver cumplido su objetivo.

A Alfonso lo sustituyó su hijo Pedro I, pero pronto empezaron los conflictos con sus otros hijos, encabezados por Enrique de Trastámara, que desembocaría en la primera guerra civil castellana.

 

 

 

 

 

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