Abderramán I, el primer Emir de Córdoba

Abderramán había nacido en la poderosa familia Omeya, de la que salían los califas que gobernaban el mundo islámico, que iba desde la India hasta la recién conquistada península Ibérica. Pero una conjura acabó con los Omeyas, siendo él el único superviviente, teniendo que cruzar medio mundo conocido escapando de sus enemigos para llegar a Al-Ándalus, donde acabaría siendo su gobernante.

Abd ar-Rahman ibn Mu’awiya ibn Hisham ibn Abd al-Málik llamado Abderramán por los cristianos, nació en el 731 en Damasco, capital del Califato Omeya, hijo del príncipe Mu’awiya ibn Hisham y de una concubina bereber llamada Rah. Los Omeyas llevaban gobernando desde el año 661, pero a partir del 740 las cosas iban bastante mal y estalló una revolución antiomeya, la Revolución Abasí, que tras diversos combates, acabó con la vida del último Califa en el 750. El nuevo califa abasí invitó al resto de los Omeyas a un banquete, donde los traicionó y asesinó. Sólo se libraron Abderramán y su hermano Yahya.

 El Califato Omeya
El Califato Omeya

Abderramán, junto a su hermano y algunos fieles, entre ellos su liberto Badr, que le ayudaría muchísimo a lo largo de los años, emprendió una épica huída hacia el oeste hasta África, en busca de las tribus bereberes a las que pertenecía su madre, siempre perseguidos por los abasíes, llegando hasta el punto de tener que cruzar el río Eufrates a nado, cosa que Yahya no fue capaz, siendo capturado y ejecutado. Afortunadamente para él, el norte de África se encontraba en caos por la caída de los Omeyas y los gobernantes locales no apoyaban a los abasíes, aunque tampoco se pusieron de su lado, por lo que continuó hasta territorio de los bereberes, que tampoco querían saber nada de él, y conociendo el momento de inestabilidad que existía en Al-Ándalus puso su interés en la península.

Después de 5 años de huída, en el 755 llegó a Ceuta, desde donde se enteró del enorme caos en la región, que llevaba años envuelta en guerras civiles y revueltas entre los distintos grupos musulmanes: bereberes, árabes, sirios y muladíes. sin olvidar a mozárabes y judíos. Mandaban el gobernador Yusuf al-Fihri y el hombre más poderoso e influyente, Al-Sumayl, señor de Zaragoza. Estos, sabiendo que Abderramán se había ganado el apoyo entre los fieles a los Omeyas y otros grupos, le propusieron un pacto y la entrega de un señorío, a lo que Abderramán se negó, desembarcando en Almuñecar y llegando a Sevilla en el 756 mientras reunía un ejército, con el que se enfrentó a Yusuf al-Fihri y Al-Sumayl en la Batalla de Al-Musara, cerca de Córdoba.

 Abderramán I
Abderramán I

El ejército de Abderramán, a pesar de llegar a los cinco mil hombres, estaba muy mal pertrechado, como ejemplo, el único caballo de guerra era el que montaba el propio Abderramán, incluso tuvieron que improvisar un estandarte, un turbante verde atado a una lanza (que se convertiría en el símbolo del Emirato  posteriormente), pero a pesar de todo la victoria de las tropas de Abderramán fue total.

Sin más enemigos a la vista entró en Córdoba y se autoproclamó Emir (máxima autoridad política y militar, pero no religiosa) de Córdoba e independizando toda Al-Ándalus del control del Califato Abasí, creando el Emirato Independiente de Córdoba. Aún así no lo tuvo fácil, y hasta tres veces tuvo que asediar Toledo para que esta cayera en el 764. Con el territorio más o menos controlado tuvo que lidiar con una nueva amenaza, el Califa Abasí mandó un gobernador para restablecer la soberanía en Al-Ándalus. Abderramán se refugió en la Fortaleza de Carmona, en Sevilla, donde aguantó hasta que pudo hacer una salida contra el ejército enemigo, acabando con ellos, las cabezas de los enviados abasidas fueron enviadas de vuelta. Para conseguir ser una potencia militar, creó un nuevo ejército con mercenarios totalmente fiel a él, entrenando personalmente a los oficiales.

 El Emirato en su máxima expansión
El Emirato en su máxima expansión

Zaragoza fue otro gran escollo, la ciudad más importante en la frontera contra los cristianos no estaba bajo el control Omeya, y Abderramán intentó rendirla, sin éxito. Estos intentaron pactar con sus vecinos más poderosos del norte, los francos de Carlomagno, que más que ir en su ayuda, mandó un ejército en el 768 para tomar la zona, algo que salió terriblemente mal para los francos, que no consiguieron tomar ninguna ciudad (al volver se produjo la famosa Batalla de Roncesvalles), y para los señores de Zaragoza, que tras el esfuerzo contra los francos, no pudieron resistir a Abderramán, que tomó la ciudad al año siguiente. Por fin toda Al-Ándalus estaba bajo su gobierno.

Después de años de guerra y continuas rebeliones que tuvo que atajar con mano dura y cabezas cortadas, a partir del 785 empezó un nuevo periodo de construcción y mecenazgo de la cultura y el arte, gracias a Abderramán se empezó a recuperar parte de la cultura que se había perdido desde la caída del imperio romano. La construcción de la gran Mezquita de Córdoba se inicia ese mismo año. Aún así tuvo que lidiar con algunas conspiraciones más que le amargaron sus últimos años. Abderramán muere en el 788, dejando el trono a su hijo Hisham I. La dinastía que creó un refugiado político sin apenas futuro duraría hasta el año 929 como Emirato y a partir de Abderramán III, como Califato hasta el año 1031, dando algunos de los mejores gobernantes musulmanes de la península.

 

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