Los campos de concentración de japoneses en EEUU

Durante la Segunda Guerra Mundial se decidió encerrar en campos de concentración a un montón de gente por el único motivo de ser de la misma raza que el ejército enemigo, y esto no pasó en la Europa nazi, sino en la democrática EEUU.

Tras el ataque de Japón a Pearl Harbor y la entrada de EEUU en la Segunda Guerra Mundial, por todo el país se desató una ola de paranoia contra los japoneses que vivían allí, se llegó a un punto tan extremo que corrió el rumo de que 20000 japoneses de segunda generación estaban dispuesto a levantarse en armas en San Francisco para tomar la ciudad. La situación se fue poniendo cada vez peor.

 Caricatura con propaganda antijaponesa de la época
Caricatura con propaganda antijaponesa de la época

Muchos sectores de la sociedad, del gobierno y del ejército, en un movimiento claramente racista que ya venía de atrás, estaban abiertamente en contra de los ciudadanos americano-japoneses, a los que acusaban de conservar lealtades con Japón a pesar de haber nacido en EEUU y muchos querían que fuesen encarcelados, sobre todo en la Costa Oeste.

El comandante de la Defensa de la Costa Oeste, el teniente general John DeWitt, empezó a hacer registros en las casas de los ciudadanos de ascendencia japonesa, sin encontrar pruebas incriminatorias, aún así, presionó y  consiguió que el presidente Roosevelt, en contra de la opinión del fiscal general Francis Biddle e incluso del director de FBI, J. Edgar Hoover, firmase la orden ejecutiva 9066 autorizando al Departamento de Guerra a delimitar zonas de exclusión militar, donde los ciudadanos japoneses no podrían permanecer, estas zonas ocuparon la casi totalidad de la Costa Oeste, obligando a grandes deportaciones en masa, esta medida afectó a unos 120000 ciudadanos legítimos estadounidenses.

 La familia Mochida esperando la evacuación a uno de los campos
La familia Mochida esperando la evacuación a uno de los campos

En mayo de 1942, a los japoneses apenas se les dio unos días para vender sus posesiones y se les obligó a marchar hacia los “centros de reubicación” una suerte de campos de concentración en medio de la nada, rodeados de alambre de espino donde, donde tenían que vivir en barracones abarrotados, pero a diferencia de otros lugares del mundo, no se les trató demasiado mal. Además de japoneses-americanos también había algunos alemanes. La situación era tan ridícula que muchos de los familiares de los soldados integrados en el 442º Regimiento de combate (formado exclusivamente por americano-japoneses, y uno de los más condecorados durante la guerra) estaban encerrados en estos campos.

En general, los japoneses aguantaron todos estos ataques y humillaciones con enorme estoicismo, esto se resume en una frase usada durante estos periodos Shikata na gai, cuya traducción vienen a decir “No puede hacerse nada al respecto”.  

 Uno de los barracones por dentro
Uno de los barracones por dentro

Afortunadamente, la histeria de tener al enemigo dentro se acabó pronto (ya llegarían los tiempos de los espías soviéticos más adelante) y toda la fachada de DeWitt empezó a desmoronarse, era imposible de mantener, no había pruebas de nada. Aún así hubo que esperar a la primavera de 1944 para que los campos de concentración fuesen desmantelados, como compensación, el gobierno le dio a cada ciudadano encarcelado un billete de tren y 25 dólares, una auténtica burla.

George Takei, famoso por su papel de Hikaru Sulu en Star Trek, uno de los primeros asiáticos en conseguir papeles no caricaturescos en la televisión, fue uno de los niños encerrados en esos campos de reclusión.

Las víctimas no empezaron a recibir compensaciones hasta mucho después de que acabase la guerra, a partir de 1951, aunque tuvieron que esperar a 1988 por una disculpa presidencial, firmada por Ronald Reagan. Muchos ciudadanos japoneses perdieron miles de dólares por la mala venta de sus propiedades y las compensaciones jamás llegaron a cubrir las pérdidas, y eso que se estuvieron entregando hasta 1991. A día de hoy, los campos de concentración para japoneses están considerados una auténtica deshonra en EEUU, sobre todo por el hecho de que no parecen haber aprendido, ya que este tema ha vuelto a la palestra tras el trato a los inmigrantes que quieren acceder al país, separando a las familias y encerrándolos sin garantías democráticas.

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