Jan Karski, el James Bond polaco que intentó evitar el holocausto judío.

En pleno holocausto judío, Jan Karski arriesgó su vida para intentar que el mundo abriera los ojos ante la abominación nazi.

Nacido en 1914 como Jan Kozielewski en Lodz, Polonia, aunque era católico fue criado en un barrio multicultural que marcaría su carácter. Con los años se graduó como diplomático y en cuanto estalló la Segunda guerra mundial, fue movilizado como oficial.

Antes de poder entrar en lucha fue apresado por los soviéticos, a los que engañó y consiguió pasar por un soldado raso, estos lo entregaron a los alemanes, salvándose de lo que más tarde se llamó la Masacre de Katyn, donde murieron la mayoría de oficiales e intelectuales polacos a manos de Stalin.

Y aquí empezó una historia digna de una película de espías de Hollywood. Pronto consiguió escapar del campo de prisioneros donde lo tenían retenido y se unió al gobierno subterráneo polaco, la resistencia polaca contra los nazis.

Ahí nace Jan Karski, nombre que usó a partir de ese momento para siempre. Se convirtió en enlace entre la resistencia polaca y el gobierno en el exilio, que se encontraba en París y luego en Londres.

 Jan Karski de joven
Jan Karski de joven

En 1940 fue capturado por la Gestapo, que lo torturó cruelmente, de nuevo consiguió escapar cuando lo trasladaban al hospital para tratarle las heridas sufridas.

En cuanto estuvo recuperado empezó la misión más importante de su vida: informar del exterminio de los judíos.

Fue introducido dos veces en el Gueto de Varsovia, el mayor gueto judío de Europa, donde se hacinaban 400.000 personas.

Allí pudo comprobar lo que estaban llevando a cabo los nazis,  eso no era un campo de prisioneros, era el infierno en la tierra, la gente, malnutrida y hacinada, malvivía como podía.

Por todos lados había cadáveres de los que nadie se podía ocupar. Y los que no morían allí eran llevados a los campos de exterminio, como el de Treblinka, una fábrica de muerte donde fueron murieron 780.000 personas.

 Imagen del muro del gueto de Varsovia antes de su total destrucción
Imagen del muro del gueto de Varsovia antes de su total destrucción

También consiguió viajar, disfrazado de soldado ucraniano, al Campo de exterminio de Belzec, donde pudo comprobar, de primera mano, cómo funcionaban estos campos: las cámaras de gas, los hornos crematorios, las muertes sistemáticas…

A partir de 1942 empezó una serie de reuniones con los gobiernos de Polonia, Gran Bretaña y EEUU, Karski tenía un microfilm con información, además de su propio cerebro, capaz de recordar cada dato y cada cara.

Los polacos sabían lo que estaba ocurriendo y se lo presentaron a los británicos para que contase, en persona, lo que está sucediendo.

Karski consiguió reunirse con Anthony Eden, ministro de exteriores, que no le hizo ni caso. No consiguió llegar a Churchill, que parece no quiso enterarse de nada de lo que tenía que decir el polaco.

 Puerta de entrada del campo de exterminio de Auschwitz, con el lema
Puerta de entrada del campo de exterminio de Auschwitz, con el lema «El trabajo os hará libres»

Karski no se rindió, y se marchó a EEUU para intentarlo allí. Se reunió con un montón de gente prominente, incluido el juez del tribunal supremo, Felix Frankfurter, que a pesar de ser judío, no creyó ni una palabra de lo que le contó Karski.

Al final consiguió una reunión con el presidente Roosevelt, que no sólo no le cree, sino que llega a interrumpirlo para hacerle preguntas que no tienen que ver con el tema. Desolado, lo intenta en Hollywood, que también le da la espalda.

Karski lo intentó, pero nadie le hizo caso, escribió un libro, Mensajero de Polonia, la historia de un estado secreto, que tuvo un gran éxito.

Y de repente, entre 1944 y 1945 los aliados descubren los campos de exterminio y las masacres de los nazis y todos muestran gran estupor y sorpresa.

Karski decidió quedarse en EEUU al acabar la guerra, donde se convirtió en profesor en la Universidad de Georgetown.

Pero, la culpa que lo corroe nunca lo abandonó, se siente culpable de no haber conseguido más, de no haber conseguido sacarles la venda de los ojos antes a los políticos.

Durante los siguientes años es silenciado, su historia es muy incómoda, a finales de los 70 hay tímidos intentos de recuperar su figura, en 1982 lo nombraron Justo entre las Naciones, título otorgado a todos los que ayudaron a los judíos durante la guerra.

Tras la caída del comunismo, el nuevo gobierno polaco, en 1989, reconoció su labor y le concedió las más altas condecoraciones. En el 91 incluso es condecorado en EEUU, donde le llegan a erigir estatuas.

 Karski, en una entrevista en sus últimos años
Karski, en una entrevista en sus últimos años

Karski falleció en el 2000, sin olvidarse de todo lo que había vivido y lo poco que hicieron las naciones aliadas para evitar el holocausto.

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